De lastre a botín: las disputas revolucionarias por el control del Distrito Norte de la Baja California durante el gobierno de Esteban Cantú

Desde que el gobierno del presidente Porfirio Díaz dividió en dos Distritos la península de Baja California en 1888, la parte norte dependió en gran medida del subsidio que el gobierno federal enviaba mensualmente para sostener el aparato burocrático y militar en la localidad. A esta dependencia económica se sumaba la política, puesto que, con la categoría de Distrito, las autoridades locales estaban subordinadas a la Secretaría de Gobernación.

La situación administrativa y financiera del Distrito Norte se agravó a causa de los diversos movimientos revolucionarios ocurridos entre 1910 a 1915 que impidieron al gobierno federal en turno enviar el subsidio necesario para que las autoridades civiles y militares locales realizaran sus diversas funciones. Sobre todo, después de la victoria de los grupos revolucionarios en contra del presidente Victoriano Huerta y la lucha entre facciones durante los años de 1914 a 1915. 

Debido a que no existía una autoridad federal ni capacidad por parte de los grupos en pugna para ejercer funciones administrativas de alcance nacional, la situación empeoró para las autoridades civiles y militares del Distrito Norte, porque perdieron autoridad, legitimidad y financiamiento para poder operar en las diversas localidades de la región.  En este contexto comenzó a figurar Esteban Cantú Jiménez (el cual había llegado al Distrito Norte con un destacamento militar que el gobierno federal envió para sofocar una revuelta en los poblados de Tijuana y Mexicali en 1911) quién a finales del año de 1914,con el respaldo del destacamento militar a su cargo, desplazó al jefe político en turno y ocupó su lugar.

De inmediato, el coronel Cantú implementó medidas de carácter político y fiscal que le permitieron mantenerse en el gobierno durante los siguientes cinco años. La primera, consistió en adherirse a la facción política fuerte del momento para luego girar, según las circunstancias nacionales, de un posicionamiento político a otro. Por ejemplo, a finales de 1914 pactó aliarse con la facción de Francisco Villa, aunque solo fue nominalmente; en 1915 durante la guerra entre convencionistas y constitucionalistas declaró que se mantendría neutral ante la lucha de facciones; y en 1916, luego del ataque de Villa a Columbus, expresó que mantendría una postura neutral frente a una posible guerra entre México y Estados Unidos; finalmente, comenzó a negociar su acercamiento con el Primer Jefe cuando el constitucionalismo adquirió mayor fuerza a nivel nacional hasta que, en 1917, le fue otorgado el reconocimiento como gobernador del Distrito Norte por parte del presidente Venustiano Carranza. 

Imagen de la Colección Clemente González Encinas del Acervo fotográfico del IIH-UABC

En cuanto a la parte fiscal, el gobierno del coronel Cantú reglamentó y reguló las actividades de esparcimiento social vinculadas con casas de apuestas, prostitución, consumo de enervantes, bebidas alcohólicas y prostitución; fomentó el turismo estadunidense y salvaguardó las inversiones de empresarios extranjeros en el sector agrícola. Dichas medidas le permitieron una captación de ingresos considerables al grado de poder sostener su propio aparato administrativo y militar sin necesidad del subsidio federal.

La activación de la economía en el Distrito Norte fue posible porque el coronel Cantú logró mantener su gobierno al margen de los conflictos entre facciones y grupos políticos que buscaban deponer al presidente Carranza. Concentró sus esfuerzos en crear un sistema de recaudación financiera sólido que le permitiera recabar el máximo de ingresos para solventar el pago de los funcionarios civiles y militares con los cuales pudo establecer el orden y la seguridad que buscaban los inversionistas locales y extranjeros.

Imagen de la Colección Clemente González Encinas del Acervo fotográfico del IIH-UABC

Las maniobras políticas y financieras del gobierno del coronel Cantú hicieron posible invertir en obras públicas, tales como la edificación de escuelas y hospitales, la construcción de carreteras, por ejemplo, el Camino Nacional, que comunicaba Mexicali con Tijuana, la instalación de alumbrado, tuberías, drenaje, la formación de un sistema de comunicación telegráfica. Además, el gobierno federal comenzó a percibir ingresos fiscales provenientes de las actividades productivas del Distrito Norte, por lo que dejó de convertirse en una carga para el erario. 

Imagen de la colección Clemente González Encinas del Acervo fotográfico del IIH-UABC

La prosperidad en la región comenzó a llamar la atención de individuos que tenían peso en las decisiones al interior del gobierno constitucionalista, por ejemplo, los sonorenses Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta, quienes no miraron con agrado la ambigüedad política con la que se había manejado el coronel Cantú. Por lo que se dieron a la tarea de enviar a sus agentes para que investigaran las principales fuentes de ingresos del gobierno local y recopilaran información sobre la situación política al interior de la base de apoyo del coronel con la intención de mermarla poco a poco.

La disputa por el control del Distrito Norte generó una serie de relaciones tensas entre el gobernador Cantú y el grupo sonorense. Estos buscaron, en varios momentos, desplazarlo de la gubernatura pero la relación que mantenía con los inversionistas extranjeros y los recursos fiscales que el gobierno del presidente Carranza percibía del Distrito Norte jugaron a su favor. Sin embargo, luego de la rebelión de Agua Prieta y el ascenso de estos individuos al gobierno federal, durante la primavera de 1920, puso en riesgo su continuación en el gobierno.

Durante el verano de 1920, hubo varios intentos fallidos de negociación entre el gobernador Cantú y el presidente interino, Adolfo de la Huerta, para llevar a cabo una transición gubernamental pacífica. Ante la negación del coronel por dejar el cargo, los sonorenses optaron por una serie de medidas coercitivas que consistieron en cerrar la frontera con el objetivo de mermar el comercio local, enviar a sus agentes al Distrito Norte con la intención de cooptar a las autoridades civiles y militares que lo apoyaban y enviar un contingente armado al mando del general Abelardo L. Rodríguez para que combatiera al contingente que permaneciera leal al gobernador.

Las acciones implementadas por el presidente interino tuvieron éxito, por lo que el gobernador Cantú entregó el cargo a Luis M. Salazar en agosto de 1920. Luego de su partida, el grupo sonorense afianzó sus intereses en el Distrito Norte y continuó con la misma política fiscal que el coronel había implementado durante su gobierno, por lo que la región siguió representando un botín que los grupos políticos del momento continuaron disputando.

César Alexis Marcial Campos

Estudiante de doctorado del PMDH del IIH-UABC

Polvo (2019). Dir. José María Yazpik, 88 min.

Decía Andy Warhol que a todos nos llega la fama, por lo menos, durante 15 minutos. Ahora tocó el turno a San Ignacio, Baja California Sur, pues gracias al actor, y recién estrenado director y guionista, José María Yazpik, la fama de la pequeña localidad sudcaliforniana será tan efímera como quería Warhol. Ambientada en el año de 1982, la película se suma a una serie de obras que retratan el paisaje carretero de Baja California pues, en cierto sentido, el género de road movie encuentra buena iluminación en nuestro bastión de la patria. Ni en Bajo California: el límite del tiempo (1998, dir. Carlos Bolado, 96 min.), o en Camino a Marte (2017, dir. Humberto Hinojosa, 94 min.), adquiere tal protagonismo San Ignacio y, sobre todo, su estereotipo de candor y pereza colectiva al que se asocia este pueblo que además de ser el oasis más grande de la península conserva uno de los templos misionales mejor conservados de las Californias. 

Aunque la trama ocurra la mayor parte del tiempo en San Ignacio, Polvo es un film transpeninsular pues comienza en Tijuana y termina ahí mismo, a unos pasos de avenida Revolución, en la Coahuila. No cabe duda que el guión y los personajes atraviesan la vida de José María Yazpik, tijuanense por adopción. Lo anterior resulta obvio por el guiño biográfico de El Chato, protagonista interpretado por Yazpik, cuya historia de fracaso como actor de Hollywood le orilla a trabajar de cadenero de un burdel fronterizo y emplearse forzadamente, para beneficio de la historia, como peón emisario del crimen organizado. Sin la intención de dar spoilers, el tráiler ya revela que el desplome de una avioneta cargada con media tonelada de cocaína será la caja de pandora, con burbuja inmobiliaria incluida, que modificará rápidamente el curso y la estructura de vida en San Ignacio. 

Dejemos a los críticos de cine las reseñas de Polvo. Nuestro único interés por verla, premurosos, el fin de semana de su estreno se debe a la enorme obsesión que despierta en nosotros la península de Baja California, y de manera particular, la carretera federal que recorre ambas entidades. Desconfiados, nos sentamos en la butaca pensando que Yazpik realizaría otra representación más acerca del pueblo sudcaliforniano y terminaría creando un documento cinematográfico que serviría como escaparate de la explotación cultural y ambiental que desencadena la migración y el turismo nacional e internacional. Lo cierto es que la representación que la obra consigue, junto a las estupendas actuaciones de Mariana Treviño, Joaquín Cosío y Angélica Aragón, es muy cercana a los usos y costumbres de los sudcalifornianos. Permítasenos ilustrar el punto con una anécdota personal. 

La última ocasión que estuvimos en el pueblo fue en año viejo de 2009 y luego de beber unas cervezas en el zócalo frente a la misión, tal y cómo hacen los personajes de Polvo, fuimos a una tienda de abarrotes cercana que rentaba los sanitarios. Tras pagarle al tendero y observar que éste no estaba preocupado por indicarnos el camino, le preguntamos por su ubicación. “El perrito les va a enseñar”, sorprendidos observamos al adiestrado falderillo señalar el rumbo con su hocico hasta llegar a la puerta del baño. La gente en San Ignacio supo construir un estilo de vida sustentable (“relaciones bióticas”, les llamaría la historiadora Micheline Cariño) en que las aspiraciones de movilidad social y expectativas de crecimiento y desarrollo económico son mínimas. Así, con estupor y siendo muy modorros, previenen desastres. Ajenos a este mundo, por ejemplo, los productores trasnacionales de alimentos critican a los nativos por carecer de una estrategia comercial agresiva e intensiva para industrializar las palmeras datileras. No en San Ignacio: su mérito es mantenerse alejada del mundo. Con excepción de las cervezas en copa, allá afuera hay poco que pueda interesarles.  

Dicho esto, San Ignacio se convirtió, para la opera prima de Yazpik, en el espacio arquetípico de una ruralidad mexicana que despierta sincera nostalgia. Durante hora y media, el pueblo es fiel reflejo de las tramas campiranas de la época del cine de oro nacional. No en vano, en el clímax del film San Ignacio recibe la visita de un cine ambulante que, además de proyectar una película en blanco y negro seguramente grabada en los estudios Churubusco o Tepeyac, genera las burlas colectivas contra El Chato pues jamás pudo colarse en la industria cinematográfica. La representación que Polvo procura es bastante fiel al grado de capturar a la perfección el acento calisureño, sin violentar demasiado los diálogos con ciertas palabrotas bastante usuales en Baja California Sur. 

No cabe duda: la película pudo haber salido de algún relato de las plumas costumbristas afiladas al Partido Revolucionario Institucional como las de Jesús Castro Agúndez o Armando Trasviña Taylor. Sin embargo, Yazpik introdujo el ingrediente noir, pues al recapitular su comportamiento en redes sociales, uno descubre que es bastante crítico con respecto al clima de inseguridad pública que azota al país. Aunque inscrita en cierto discurso de historia contemporánea, la película es la analogía sobre el papel presente de los héroes anónimos que protegen a la comunidad nacional de las grandes masacres que provoca la violencia gratuita del narcotráfico. La gran mayoría de la gente en San Ignacio desconocía el polvo blanco que les cayó del cielo, pero sabían muy bien que la expulsión de algunos miembros de la comunidad es necesaria e irremediable. Tal es el destino de El Chato y del propio Yazpik pues el final abierto dejará insatisfecho a más de un crítico. Aquellos que amamos Baja California, con locura y sin pedirle nada a cambio, sabremos apreciar la última toma antes de los créditos: con ese gesto vacío, con la mirada puesta en Tijuana y ese mal necesario que es el consumo de estupefacientes de los turistas estadunidenses, pensamos en nuestra casa. 

Víctor Manuel Gruel Sández 

En memoria de Miguel León-Portilla

El Instituto de Investigaciones Históricas lamenta profundamente el fallecimiento, efectuado el día primero de octubre último, del Dr. Miguel León-Portilla, destacado estudioso de la historia de Baja California y visionario impulsor de su institucionalización.

Fue él uno de los factores fundamentales para que se fundara en 1975 el Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC, antecedente de nuestro Instituto y además de participar en esa etapa fundacional, a lo largo de su vida mantuvo un estrecho contacto con nosotros, que se tradujo en estimulante orientación y aliento.

Ascensión Hernández y Miguel León-Portilla inaugurando la “Colección California Mexicana, Ascensión y Miguel León-Portilla”, en la biblioteca del IIH-UABC

Entre los múltiples ejemplos que en ese sentido podemos citar, baste hacer referencia a que el vocablo cochimí Meyibó, que da nombre a nuestra revista, fue inspiración de él; participó como coautor y en los consejos editoriales de importantes obras colectivas que publicamos;  fue conferencista magistral en diversos congresos nacionales e internacionales a los que convocara nuestro Instituto y en una muestra de notable generosidad nos donó, junto con su esposa la también historiadora Ascensión Hernández, la valiosa “Colección California Mexicana, Ascensión y Miguel León-Portilla”, que incluye más de 1600 libros, folletos y mapas sobre Baja California, que vinieron a enriquecer el acervo de nuestra biblioteca.  A eso hay que agregar el considerable número de obras de su autoría personal, relativas a temas de historia bajacaliforniana de su preferencia: lenguas y etnografía de los primeros californios; cartografía y crónicas de la etapa misional, etcétera.

Por todo ello, al lado de su reconocido prestigio como autoridad en lo concerniente en la cultura náhuatl, por el que se le está rindiendo homenaje nacional e internacional, aquí agregamos, con particular admiración y agradecimiento, su perfil de eminente escudriñador de la historia de Baja California  y generoso impulsor de nuestro Instituto.

David Piñera Ramírez

EL ‘JUEVES NEGRO’, EL CRACK DEL 29 Y EL INICIO DE LA GRAN DEPRESIÓN ECONÓMICA

undefineday una fecha que pocos recuerdan o se niegan a rememorar por el colapso que generó en buena parte de las naciones del llamado capitalismo. Aquel jueves 24 de octubre de 1929, con el que dio inicio la Gran Depresión, significó un tropezón del liberalismo y el mercado de valores industriales, la literatura suele llamarle la gran crisis y el regreso al proteccionismo comercial previo a la Primera Guerra Mundial.

Si usted mira en un espejo, observa los detalles e imperfecciones de la realidad plasmada en ese momento, pero si el espejo se estrella o se opaca, la realidad se deforma, se oscurece. Nuestra primera reacción después de la sorpresa, es de enojo, nos rehusamos a seguir mirando el entorno y el propio rostro difuminado en partes o en grotescas distorsiones. 

Hace 90 años, el sistema financiero, bancario y monetario de Estados Unidos, abrió los ojos y halló su reflejo descompuesto, resquebrajado, aterrador. Los más sorprendidos fueron los pequeños ahorradores y la clase media que tenía contratados numerosos créditos con los bancos o con las casas comerciales. Los ciudadanos que pagaban una hipoteca, los electrodomésticos de casa o el auto nuevo, aquellos que con poco o mucho dinero vieron pulverizados sus recursos y empañados sus sueños. 

La seguidilla de acontecimientos posteriores a ese jueves negro devino en cierre de negocios, largas filas en los bancos, saqueos, suicidios y más tarde escasez en las tiendas, desempleo, baja de precios, contracción de la actividad productiva y la negativa a aceptar papel moneda o títulos de deuda y referentes de pago. Daba inicio la Gran Depresión que se extendería por tres años y un poco más en algunos países.

Multitud reuniéndose en la intersección de Wall Street y Broad Street después del Crack de 1929
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¿Qué se entiende por depresión económica? La frase se utiliza para comparar el estado anímico de una persona con la de un Estado-nación que, al igual que aquella, pasa por un momento de opresión, incertidumbre, abatimiento, del que le cuesta salir. Tal conducta puede ser transitoria o permanente, pero al registrarse en ese momento provoca sentimientos particulares o inhibe disfrutar la vida y tener claro el futuro.

Los economistas vinculan la depresión con las crisis, es decir, con el ciclo “natural” de la economía que experimenta diferentes momentos: auge, estabilidad, descenso, crisis, recuperación y nuevamente auge. Estas fluctuaciones son seculares y de periodos cortos, empero, otros teóricos sugieren que son movimientos de más largo plazo y que tales perturbaciones surgen de la euforia especulativa que induce a la gente a asumir niveles de endeudamiento altos y en inversiones cada vez más arriesgadas. 

Una parte de tal proceder se encuentra incitado por una política de crédito abundante (por ejemplo bajando las tasas de interés), una política monetaria excesivamente laxa (Minsky) con poca regulación y control de la autoridad central, así como campañas publicitarias que machacan que todo está bien y no hay de qué preocuparse.

En aquel ciclo económico depresivo, entre los años 1929 y 1932, la producción mundial disminuyó en más de un tercio y generó serios problemas en Estados Unidos y Alemania pero también en los países menos industrializados, como México. Los estragos sufridos en diferente magnitud obligaron a suspender el pago de compromisos como la deuda externa, fue el caso de Bolivia, Brasil y Colombia. 

Historiadores económicos, como Enrique Cárdenas, sostienen que la crisis en México había iniciado un par de años antes en el sector agrícola y cuando llegó el ciclo negativo mundial la afectación fue menor. En efecto, los desequilibrios más fuertes habían ocurrido antes de 1929, por dificultades internas, las políticas de posguerra, el atesoramiento del oro que afectó los tipos de cambio y el ajuste de la balanza comercial, es decir la unidad de cuenta con que pagábamos las mercancías que comprábamos del exterior (importaciones) y con la que nos pagaban lo que vendíamos a otros países (exportaciones).

Sin embargo, en cada región del país, la Gran Depresión se vivió de manera diferente, sobre todo en las poblaciones fronterizas del norte que vieron cómo numerosos paisanos regresaban de Estados Unidos en busca de empleo y oportunidades en nuestro país. Así ocurrió en el Distrito Norte de la Baja California, cuando el Procurador de la ciudad de San Diego, California, excluyó a todos los trabajadores que no residieran en el condado, de manera que los obreros mexicanos que se contrataban allende la línea internacional, debieron regresar a buscar trabajo en Tijuana a finales de 1929.

Multitud fuera del Banco de Estados Unidos en Nueva York después de su quiebra
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Por otro lado, en la capital del país, la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo anunció que estudiaba la forma en que debían organizarse las cooperativas de producción formadas por obreros sin trabajo. Para tal fin, a finales de 1929, se descontaría un día de haber a los empleados federales, a fin de “solucionar el problema de los sin trabajo”, además de crear cooperativas de campesinos para aquellos obreros que “carecen de ocupación y han resuelto, como medio para resolver su situación actual, dedicarse a las labores del campo” (Boletín Semanal de la Dirección de Publicaciones y Propaganda de la Oficina de Previsión Social, número 20,1929).

En los siguientes años, la falta de moneda y la poca aceptación del billete de banco generó incertidumbre entre la población, inclusive del dólar estadounidense. Según el periódico La Prensa, existía gran desconfianza “con motivo de las constantes quiebras ocurridas en la Unión Americana.” Ni comerciantes, industriales y el público “se arriesgan a convertir su dinero en moneda americana sino en casos de absoluta necesidad”. Así que aumentó el contrabando por las aduanas terrestres de la frontera norte, se dio la falsificación de moneda y se endurecieron los juicios por no declarar productos básicos o mercaderías extranjeras. 

Fue el caso del jornalero José Refugio Medina quien encontrándose sin trabajo en Mexicali y “la necesidad de sostener a su numerosa familia” invitó al joven mecánico Raúl Vallín a recoger sandías, al otro lado de la línea internacional y al cruzar por el garitón de Compuertas, ambos fueron detenidos por los agentes aduanales y enviados a prisión preventiva. 

Durante el juicio, Medina expresó no desconocer que había violado la ley aduanal pero que “el estado de miseria y la situación apremiante entre enero y septiembre de 1931”, lo obligaron a conducir sandías del territorio extranjero para introducirlas a México y ayudar a su familia (Archivo Histórico Judicial, caja 30, exp. 89, 1931). De modo que aquel jueves negro, iniciado en octubre de 1929, afectó a los habitantes de ambos lados de la frontera norte, aunque es cierto que Medina no cargó unas cuantas sandías sino un lote que por la multa impuesta supuso más de 500 kilos.

Meses más tarde, en otra nota, El Universal Gráfico anunciaba que las ciudades del norte de México “particularmente a lo largo de la línea fronteriza” regresaban a la bonanza previa a la Gran Depresión sin considerar que el arancel Hawley-Smoot y el fin de la ley seca en Estados Unidos seguiría afectando el empleo de las entidades colindantes al gigante del norte. Finalmente, habrá que tener presente que la economía capitalista se mueve por ciclos y que los desequilibrios se corrigen y contienen a tiempo para suavizar o minimizar los efectos de problemas graves que no deseamos repetir.

Jesús Méndez Reyes (IIH-UABC)

jmreyes@uabc.edu.mx