En memoria de Miguel León-Portilla

El Instituto de Investigaciones Históricas lamenta profundamente el fallecimiento, efectuado el día primero de octubre último, del Dr. Miguel León-Portilla, destacado estudioso de la historia de Baja California y visionario impulsor de su institucionalización.

Fue él uno de los factores fundamentales para que se fundara en 1975 el Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC, antecedente de nuestro Instituto y además de participar en esa etapa fundacional, a lo largo de su vida mantuvo un estrecho contacto con nosotros, que se tradujo en estimulante orientación y aliento.

Ascensión Hernández y Miguel León-Portilla inaugurando la “Colección California Mexicana, Ascensión y Miguel León-Portilla”, en la biblioteca del IIH-UABC

Entre los múltiples ejemplos que en ese sentido podemos citar, baste hacer referencia a que el vocablo cochimí Meyibó, que da nombre a nuestra revista, fue inspiración de él; participó como coautor y en los consejos editoriales de importantes obras colectivas que publicamos;  fue conferencista magistral en diversos congresos nacionales e internacionales a los que convocara nuestro Instituto y en una muestra de notable generosidad nos donó, junto con su esposa la también historiadora Ascensión Hernández, la valiosa “Colección California Mexicana, Ascensión y Miguel León-Portilla”, que incluye más de 1600 libros, folletos y mapas sobre Baja California, que vinieron a enriquecer el acervo de nuestra biblioteca.  A eso hay que agregar el considerable número de obras de su autoría personal, relativas a temas de historia bajacaliforniana de su preferencia: lenguas y etnografía de los primeros californios; cartografía y crónicas de la etapa misional, etcétera.

Por todo ello, al lado de su reconocido prestigio como autoridad en lo concerniente en la cultura náhuatl, por el que se le está rindiendo homenaje nacional e internacional, aquí agregamos, con particular admiración y agradecimiento, su perfil de eminente escudriñador de la historia de Baja California  y generoso impulsor de nuestro Instituto.

David Piñera Ramírez

EL ‘JUEVES NEGRO’, EL CRACK DEL 29 Y EL INICIO DE LA GRAN DEPRESIÓN ECONÓMICA

undefineday una fecha que pocos recuerdan o se niegan a rememorar por el colapso que generó en buena parte de las naciones del llamado capitalismo. Aquel jueves 24 de octubre de 1929, con el que dio inicio la Gran Depresión, significó un tropezón del liberalismo y el mercado de valores industriales, la literatura suele llamarle la gran crisis y el regreso al proteccionismo comercial previo a la Primera Guerra Mundial.

Si usted mira en un espejo, observa los detalles e imperfecciones de la realidad plasmada en ese momento, pero si el espejo se estrella o se opaca, la realidad se deforma, se oscurece. Nuestra primera reacción después de la sorpresa, es de enojo, nos rehusamos a seguir mirando el entorno y el propio rostro difuminado en partes o en grotescas distorsiones. 

Hace 90 años, el sistema financiero, bancario y monetario de Estados Unidos, abrió los ojos y halló su reflejo descompuesto, resquebrajado, aterrador. Los más sorprendidos fueron los pequeños ahorradores y la clase media que tenía contratados numerosos créditos con los bancos o con las casas comerciales. Los ciudadanos que pagaban una hipoteca, los electrodomésticos de casa o el auto nuevo, aquellos que con poco o mucho dinero vieron pulverizados sus recursos y empañados sus sueños. 

La seguidilla de acontecimientos posteriores a ese jueves negro devino en cierre de negocios, largas filas en los bancos, saqueos, suicidios y más tarde escasez en las tiendas, desempleo, baja de precios, contracción de la actividad productiva y la negativa a aceptar papel moneda o títulos de deuda y referentes de pago. Daba inicio la Gran Depresión que se extendería por tres años y un poco más en algunos países.

Multitud reuniéndose en la intersección de Wall Street y Broad Street después del Crack de 1929
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¿Qué se entiende por depresión económica? La frase se utiliza para comparar el estado anímico de una persona con la de un Estado-nación que, al igual que aquella, pasa por un momento de opresión, incertidumbre, abatimiento, del que le cuesta salir. Tal conducta puede ser transitoria o permanente, pero al registrarse en ese momento provoca sentimientos particulares o inhibe disfrutar la vida y tener claro el futuro.

Los economistas vinculan la depresión con las crisis, es decir, con el ciclo “natural” de la economía que experimenta diferentes momentos: auge, estabilidad, descenso, crisis, recuperación y nuevamente auge. Estas fluctuaciones son seculares y de periodos cortos, empero, otros teóricos sugieren que son movimientos de más largo plazo y que tales perturbaciones surgen de la euforia especulativa que induce a la gente a asumir niveles de endeudamiento altos y en inversiones cada vez más arriesgadas. 

Una parte de tal proceder se encuentra incitado por una política de crédito abundante (por ejemplo bajando las tasas de interés), una política monetaria excesivamente laxa (Minsky) con poca regulación y control de la autoridad central, así como campañas publicitarias que machacan que todo está bien y no hay de qué preocuparse.

En aquel ciclo económico depresivo, entre los años 1929 y 1932, la producción mundial disminuyó en más de un tercio y generó serios problemas en Estados Unidos y Alemania pero también en los países menos industrializados, como México. Los estragos sufridos en diferente magnitud obligaron a suspender el pago de compromisos como la deuda externa, fue el caso de Bolivia, Brasil y Colombia. 

Historiadores económicos, como Enrique Cárdenas, sostienen que la crisis en México había iniciado un par de años antes en el sector agrícola y cuando llegó el ciclo negativo mundial la afectación fue menor. En efecto, los desequilibrios más fuertes habían ocurrido antes de 1929, por dificultades internas, las políticas de posguerra, el atesoramiento del oro que afectó los tipos de cambio y el ajuste de la balanza comercial, es decir la unidad de cuenta con que pagábamos las mercancías que comprábamos del exterior (importaciones) y con la que nos pagaban lo que vendíamos a otros países (exportaciones).

Sin embargo, en cada región del país, la Gran Depresión se vivió de manera diferente, sobre todo en las poblaciones fronterizas del norte que vieron cómo numerosos paisanos regresaban de Estados Unidos en busca de empleo y oportunidades en nuestro país. Así ocurrió en el Distrito Norte de la Baja California, cuando el Procurador de la ciudad de San Diego, California, excluyó a todos los trabajadores que no residieran en el condado, de manera que los obreros mexicanos que se contrataban allende la línea internacional, debieron regresar a buscar trabajo en Tijuana a finales de 1929.

Multitud fuera del Banco de Estados Unidos en Nueva York después de su quiebra
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Por otro lado, en la capital del país, la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo anunció que estudiaba la forma en que debían organizarse las cooperativas de producción formadas por obreros sin trabajo. Para tal fin, a finales de 1929, se descontaría un día de haber a los empleados federales, a fin de “solucionar el problema de los sin trabajo”, además de crear cooperativas de campesinos para aquellos obreros que “carecen de ocupación y han resuelto, como medio para resolver su situación actual, dedicarse a las labores del campo” (Boletín Semanal de la Dirección de Publicaciones y Propaganda de la Oficina de Previsión Social, número 20,1929).

En los siguientes años, la falta de moneda y la poca aceptación del billete de banco generó incertidumbre entre la población, inclusive del dólar estadounidense. Según el periódico La Prensa, existía gran desconfianza “con motivo de las constantes quiebras ocurridas en la Unión Americana.” Ni comerciantes, industriales y el público “se arriesgan a convertir su dinero en moneda americana sino en casos de absoluta necesidad”. Así que aumentó el contrabando por las aduanas terrestres de la frontera norte, se dio la falsificación de moneda y se endurecieron los juicios por no declarar productos básicos o mercaderías extranjeras. 

Fue el caso del jornalero José Refugio Medina quien encontrándose sin trabajo en Mexicali y “la necesidad de sostener a su numerosa familia” invitó al joven mecánico Raúl Vallín a recoger sandías, al otro lado de la línea internacional y al cruzar por el garitón de Compuertas, ambos fueron detenidos por los agentes aduanales y enviados a prisión preventiva. 

Durante el juicio, Medina expresó no desconocer que había violado la ley aduanal pero que “el estado de miseria y la situación apremiante entre enero y septiembre de 1931”, lo obligaron a conducir sandías del territorio extranjero para introducirlas a México y ayudar a su familia (Archivo Histórico Judicial, caja 30, exp. 89, 1931). De modo que aquel jueves negro, iniciado en octubre de 1929, afectó a los habitantes de ambos lados de la frontera norte, aunque es cierto que Medina no cargó unas cuantas sandías sino un lote que por la multa impuesta supuso más de 500 kilos.

Meses más tarde, en otra nota, El Universal Gráfico anunciaba que las ciudades del norte de México “particularmente a lo largo de la línea fronteriza” regresaban a la bonanza previa a la Gran Depresión sin considerar que el arancel Hawley-Smoot y el fin de la ley seca en Estados Unidos seguiría afectando el empleo de las entidades colindantes al gigante del norte. Finalmente, habrá que tener presente que la economía capitalista se mueve por ciclos y que los desequilibrios se corrigen y contienen a tiempo para suavizar o minimizar los efectos de problemas graves que no deseamos repetir.

Jesús Méndez Reyes (IIH-UABC)

jmreyes@uabc.edu.mx