Sobre el seminario: “Renovaciones historiográficas: Historia global, poscolonialismo y el estudio histórico del siglo XX” impartido por el Dr. Daniel Kent Carrasco.

Muchos creíamos que los seis años que pasó Octavio Paz como agente diplomático en la India, más allá de que su renuncia fuese (o no) una protesta por la matanza de Tlatelolco, se tradujeron en un mutuo descubrimiento entre ambas naciones. La publicación del libro Vislumbres de la India (1995) y otros fragmentos de su obra poética, reflejan la construcción de un discurso estético que supo conectar la vida de ambos pueblos en un continuum de saberes y expresiones estéticas y, en menor medida, políticas. Hoy día la refrescante obra y trayectoria académica del doctor Daniel Kent Carrasco, que al igual que Paz aprendió algo más que mero exotismo al viajar a la península indostánica, muestra que mucho antes de que el laureado poeta fuese embajador mexicano en Nueva Delhi, existían varias tramas individuales y de redes partidistas y científicas internacionales que al vincularse a los movimientos ideológicos de comienzos del siglo pasado buscaron mejorar el mundo. 

El curso “Renovaciones historiográficas: historia global, poscolonialismo y el estudio histórico del siglo xx”, impartido los días 13 y 14 de febrero de 2020 para los estudiantes del Programa de Maestría y Doctorado en Historia (PMDH) del Instituto de Investigaciones Históricas, y demás público interesado, aportó fuertes elementos críticos acerca de cómo contemplar la unicidad del mundo que las utopías deseaban cambiar y mejorar. Especialista en la historia política y contemporánea de la India, el doctor Kent Carrasco compartió una serie de textos y reflexiones sobre algunos de los intereses teóricos e historiográficos de utilidad para aquellas y aquellos abocados a escribir historia sin reproducir paradigmas dominantes que, debido a su naturaleza interna, suelen marginar la comprensión cabal de países como México o India. Muy a tono de la conferencia magistral que impartió el día anterior, el 12 de febrero, el doctor Kent Carrasco, profesor e investigador de la Universidad de Sonora, argumentó que la historia global ofrece una perspectiva útil para abrir objetos de investigación “a la simultaneidad”. Inscrito en la corriente de estudios poscoloniales y ante la pregunta de la doctora Diana Méndez Medina sobre cómo escribir una historia agrícola en clave global, el expositor aclaró que dicho enfoque no busca la reconstrucción de totalidades, sino brindar una lectura particular y amplia de los fenómenos históricos. 

Durante la primera hora del curso, las y los asistentes fueron presentándose con especial énfasis en los proyectos de tesis que los han conducido al PMDH. Lo anterior dio la oportunidad al doctor Kent Carrasco de conocer de primera mano los intereses de investigación de las y los estudiantes e investigadores asistentes, de tal suerte que supo hasta dónde podría llevar las argumentaciones del curso. De entrada, advirtió que la búsqueda de la historia global por lo simultáneo (y no por el método comparativo) se justifica en los paralelismos y sincronías de experiencias tales como la agricultura de la llamada revolución verde [1]. La fascinante biografía del genetista y líder de izquierda Pandurang Khankhoje, cuyo retrato aparece en los murales que pintó Diego Rivera en la Secretaría de Educación Pública, dio pie para hablar de procesos históricos que por sus formas de integración no reproducen “matrices eurocéntricas”. 

Escribir historia global implica, advirtió el doctor Kent Carrasco, establecer una relación distinta con las entidades geográficas, en el sentido de una apertura en la cual deben “problematizarse identidades dúctiles”. De ahí el continúo trabajo de contextualización, a partir de ejemplos e historiografía cuyas potentes argumentaciones cuestionan lo nacional, a su vez que quitan la hegemonía conceptual de Europa. Así, las intervenciones que iban sucediéndose una tras de otra, motivaron el gesto noble de compartir referencias bibliográficas, de tal suerte que las inquietudes y curiosidades individuales de las y los asistentes fueron socializadas, siempre, en función de lo que sabe el doctor Kent Carrasco sobre el subcontinente asiático en cuestión. Por ejemplo, acerca de intereses ligados a la historia ambiental y el ambientalismo, e incluso críticas desde el modelo anti-antropocéntrico, el expositor remitía a situaciones como las de las reservas ecológicas de elefantes que se encuentra en medio de una situación de guerrilla [2]. 

Para el expositor, sin duda, el calentamiento global pareciera que es la primera vez en la historia que existe algo que incumbe a todos los pueblos y naciones del mundo, pero no es así. La década de 1920 fue precisamente el reflejo de ideologías que, tanto en un extremo u otro de las orientaciones de izquierda o derecha, suponían que el problema del futuro sería administrar la abundancia. Hoy día dicho escenario cambió y no precisamente por las polarizaciones políticas e ideológicas, sino en los términos de un modelo de explotación económica para el que siguen cobrando vigencias las críticas al capitalismo. En opinión personal del doctor Kent Carrasco, las actuales generaciones observarán la finitud del medio ambiente y las formas sociales simbióticas al mismo. Siguiendo un ejemplo típicamente colonialista y del imaginario colonial de las potencias occidentales, mencionó que el personaje de ficción King Kong siempre resurge en los momentos de tensiones y escenarios de crisis. ¿Qué papel deben jugar las y los historiadores ante dicha situación? Retratar la sensibilidad contemporánea, sobre todo, en las comunidades de intercambio académico, intelectual y cultural. Solamente bajo este imperativo sería inteligible la dimensión humana de la catástrofe [3].  

De ser verdad aquello de que “el pasado es una lengua extranjera”, cursos breves como el del doctor Kent Carrasco son lecciones de alfabetización histórica, cuyo impacto será efectivo e inmediato. Con la mirada puesta en la producción de tesis estudiantiles y artículos de investigación de los colegas, la segunda sesión tuvo por objeto discutir una serie de lecturas, en concreto, aquellas destinadas a presentar los estudios subalternos. El texto que acaparó favorablemente la atención fue de Dipesh Chakrabarty, Al margen de Europa (primera edición en Princeton University Press, 2000). Aficionado a la lectura de ése y otros teóricos e historiadores de la corriente poscolonial, el doctor Kent Carrasco reconoció lo sanas que son las críticas de Chakrabarty al historicismo “como comparsa de la dominación europea”. Teniendo en mente las concepciones globales expuestas el día anterior, su reconstrucción del pensamiento poscolonial buscó destacar las diferentes formas de vivir la historia según el género, etnicidad y clase social. 

“El tiempo histórico no es integral”, anota Chakrabarty, “se halla dislocado de sí mismo” [4]. La propuesta general del curso del doctor Kent Carrasco no estuvo orientada a dinamitar el concepto y teoría de la historia, pero si a mostrar las posibilidades existentes de descentralizar los sujetos y medios tradicionales del quehacer histórico. Dichos planteamientos no pueden desligarse, dentro de las líneas historiográficas renovadas que compartió con las y los asistentes, de la perspectiva sobre la condición subalterna. Desde hace décadas, las y los historiadores dedicados a estudiar el pasado de la península indostánica han descubierto que no es posible colocar a los sujetos tradicionales de la historia al centro. Escribir historia implica una constante descentralización. Tales desafíos implican buscar “abajo” los motores del cambio histórico. Producto de una introspección biográfica que justifica la construcción del saber académico como procedimiento estándar del estudio poscolonial, Chakrabarty situó las orientaciones dominantes de los pensadores europeos ilustrados, y de la era de las revoluciones, cuyos planteamientos teleológicos de la historia excluyeron a los países que posteriormente fueron denominados tercermundistas. 

Inspirándose en el propio Chakrabarty, para el estudiante del PMDH, César Larrea, “provincializar” supone ya “romper [con] el historicismo”. Lo cual no significa otra cosa que pensar diferente la historia. En opinión de quién esto escribe tal planteamiento resulta adecuado siempre y cuando no se pierda de vista nuestro propósito qué es leer y escribir historia. Toda propuesta que sitúe un diálogo entre disciplinas de las ciencias sociales y humanidades es benéfica y más cuando proviene de geografías distintas a la nuestra. Ahora bien, el riesgo es no olvidarse de los objetos de estudio que por más rodeos teóricos seguirán anclados siempre al pasado. Obviamente, a la lista de pecados capitales de las y los historiadores se ha sumado recientemente la crítica al etnocentrismo [5], mismo que junto al anacronismo, forma parte de las prescripciones básicas del oficio.

El curso en cuestión no hizo otra cosa más que señalar todos estos desafíos. Por ello, la historia global y el poscolonialismo resultan herramientas útiles para emprender historiar con mayor conciencia. Interpelando constantemente a las y los asistentes sobre el libro de Chakrabarty, el expositor compartió el fragmento de Al margen de Europa (2008) que quizás más le gusta. Se trata del testimonio del nativo que resistía a una campaña de vacunación emprendida por autoridades de la India junto a organizaciones y voluntariado estadunidense. “Una cuadrilla de médicos y policías redujo rápidamente a Mohan Sing. En el momento en que lo sujetaron contra el suelo, otro vacunador le inyectó la vacuna contra la viruela en el brazo”, acto seguido fueron sometidos el resto de familiares. Debe decirse que el reto de salud pública global de exterminar, entre las décadas de 1970 y 1980, esta enfermedad epidémica encontró en la India proporciones mayúsculas, debido a las implicaciones éticas y étnicas que esta labor entrañó. No en vano el doctor Kent Carrasco escribe historia con enfoques que han surgido de dicho contexto, pues ya no se desea caer en “violencia epistémica”. ¿Se violentó a los nativos que no deseaban recibir el preventivo? Lo más seguro es que la respuesta sea afirmativa, pero tampoco las y los historiadores debemos creer que hubo una respuesta pasiva del nativo pues al momento del sometimiento, pues nos asegura Chakrabarty, “dio un mordisco profundo a uno de los doctores en la mano, pero fue en vano” [6]. Y por esa misma razón, los discursos históricos comienzan a evitar estas actitudes.  

Dr. Víctor Manuel Gruel Sández

Investigador del Instituto de Investigaciones Históricas

Notas:

[1] El doctor Kent Carrasco aprovechó el primer día del curso para compartirnos un artículo de próxima aparición en la prestigiosa revista Historia Mexicana, del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México: “De Chapingo a Sonora: Pandurang Khankhoje en México y el tránsito del agrarismo a la agroindustria”.  

[2] A propósito del libro de Alpa Shah, In the Shadows of the State. Indigenous Politics, Environmentalism, and Insurgency in Jharkhand, India. Sobre el ambientalismo y la historia global recomendó leer a Ramachandra Guha, Environmentalism: A Global History

[3] El doctor Kent Carrasco mencionó la colaboración que sostiene, en relación a dicha idea, con el Tricontinental Institute for Social Research. Por otro lado, más allá de la escritura académica, algunos de sus columnas de opinión especializadas en India y China, pueden leerse en la plataforma virtual de la Revista Común

[4] Dipesh Chakrabarty, Al margen de Europa. Pensamiento poscolonial y diferencia histórica, Barcelona, Tusquets Editores, 2008, p. 44. 

[5] Sobre todo, con las corrientes antropológicas más afines y menos interesadas en desestabilizar el discurso histórico, como las de Clifford Geertz, Johannes Fabian, James Clifford, Saurabh Dube, Alban Bensa y un sinfín de autoras y autores que cultivan con gusto la antropología histórica. 

[6] Chakrabarty, Al margen de Europa, p. 78. 

Sonora (2019) Dir. Alejandro Springall, 94 min.

“Chinos huyendo, gringos perdidos, indios ciegos ¡Qué pesadilla!” La sufrida frase pronunciada por el actor Juan Manuel Bernal en su papel de un nacionalista, racista, colérico y desesperado funcionario militar en algún lugar del gran desierto de Altar, bien puede resumir la más reciente obra cinematográfica de Alejandro Springall (Ciudad de Mexico, 1966).

Debo iniciar señalando que el poco tiempo que Sonora (2019) estuvo en cartelera, además de su poca disponibilidad en salas de cine fue un acto de injusticia tanto para el filme como para los consumidores. Sobre todo, comparado con la proyección obtenida por las comedias románticas de producción nacional. Para fortuna de los lectores de esta reseña, la película se encuentra desde el mes de octubre de 2019 en la plataforma digital Netflix.

Se trata de una cinta del genero road movie ambientada en el año de 1931 donde el objetivo idílico de todos los pasajeros es llegar a Mexicali, ubicada en el entonces distante pero generoso Territorio Norte de Baja California. La travesía la hacen a bordo de un verde y hermoso automóvil Chrysler modelo 1929, conducido por una mujer que, ante el cierre de la frontera de Nogales y con ello la única forma de acceso vía carretero a Mexicali, se lanza a la oportunidad de realizar un viaje de onerosos ingresos a través del desierto. El grupo deberá confiar en los conocimientos como guía de un tohono o’odham o indio papago encarnado por el actor Joaquín Cossío, que es al mismo tiempo la víctima de un abismal alcoholismo y la única esperanza de los viajeros.

El contexto político, social e internacional que se presenta puede resultar un tanto incómodo ante la incomprensión del pasado por parte del espectador. Pero, no es su culpa, resulta que al igual que en otros espacios, en el cine nacional la xenofobia y el racismo practicado por los mexicanos hacia los otros poco o casi nunca había sido expuesto. Menos en la pantalla grande. ¿Qué clase de sociedad sería la nuestra si por un lado exigimos una demanda histórica de respeto y trato digno a nuestros “paisanos” en el exterior y por el otro atacamos de forma brutal y selectiva a personas de otra nacionalidad a quienes consideramos indeseables, un riesgo para la paz y para la salud pública?  ¡Qué escándalo! 

Eso debió ser Sonora en las salas de cine, un escándalo. Y no tanto por el guion, que adelanto, tiene un final bastante flojo. Quizás la película se encuentra en todo caso superada por el contexto bajo el que se desarrollan las historias de los personajes y las coyunturas actuales que parecen tan simétricas a las de ese pasado.  

Se muestran los conflictos diplomáticos en la frontera de México y los E.E.U.U. a raíz del regreso masivo de trabajadores mexicanos y el cierre de la misma, ordenada por el presidente Hoover para mitigar los efectos de la crisis de 1929. Últimas acciones emprendidas que terminarían por precipitar su inminente derrota electoral meses después frente al candidato demócrata Roosevelt. No es casualidad que las primeras tomas sean de un trabajador mexicano que regresa de las minas de Arizona a través del sistema ferroviario e introducido a territorio nacional a través de Nogales junto a cientos de mexicanos. En el cuadro pueden apreciarse recreaciones de diversas fábricas y establecimientos comerciales ubicadas al margen de la frontera, todas con nombres en inglés.

El contrabando de alcohol producto de la Ley Volstead también encuentra un espacio en el desierto de Sonora, al igual que en toda la zona fronteriza. Los protagonistas de este embrollo al que bien puede dedicárseles un cortometraje completo son un par de cínicos, pero simpático dúo de contrabandistas conformado por un mexicoamericano y un estadounidense de ascendencia irlandesa (quizás este último como un guiño al empresario y político Joseph P. Kennedy). Acá también queda plasmada las diferencias personales con marcados tintes raciales entre “los socios”, pero que son toleradas meramente por intereses económicos. 

La película enmarcada temporalmente en el llamado Maximato, con todos los puntos y las comas que ello representa, por ejemplo: que “la religión tendrá su lugar, aunque limitado en el nuevo México”, apunta de nuevo el actor Bernal. Sonora vive así su propia experiencia política entre una menguada presidencia de Pascual Ortiz Rubio y la recién promulgada Doctrina Estrada en materia de política exterior, y por otro lado el gobierno estatal xenófobo, radical con su propia interpretación del nacionalismo de Rodolfo Elías Calles, hijo del otrora poderoso sonorense Plutarco. 

Los puntos anteriores son evidenciados con los tres tópicos a los que la investigadora del Colegio de Sonora, Ana Luz Ramírez refiere con respecto a la propaganda de los comités antichinos, “los económicos, los raciales y los higiénicos-sanitarios”. Pues las escenas se presentan en el mismo orden y sentido, primero la clausura del establecimiento, seguido por la señalización de las personas asiáticas como “perros amarillos”. Por último un militar a cargo de los “fascistoides guardias verdes”, documentados por las investigaciones de Catalina Velázquez, señala que el establecimiento de la familia Wong se clausura por “violar las leyes sanitarias”, y justifica su actuar refiriendo a un artículo 71 (presumiblemente del Código Sanitario de los Estados Unidos Mexicanos, 8 de junio de 1926). Donde se señala que no pueden ingresar al país los extranjeros enfermos de “tuberculosis, lepra, beri-beri, tracoma, sarna, encefalitis crónica de la infancia, filariasis,”. Argumentos usados por el militar para acusar a los chinos de ser una amenaza para la salud pública. 

Al igual que lo hiciera Hebert Eugene Bolton en los albores del siglo XX, en su búsqueda de seguir las huellas del misionero jesuita Francisco Eusebio Kino a través del llamado “Camino del Diablo” rumbo a California con el fino objetivo de apreciar el espacio tal y como Kino lo vivió, Alejandro Springall, sus actores y la producción deleitan al espectador con hermosos paisajes y planos visuales donde las extensas arenas acompañadas de inmensos sahuaros, ocotillos, choyas y palo verde, muestran un espacio natural único de grandes proporciones e innegable belleza, pero al mismo tiempo altamente letal para la vida humana.

Mención especial merecen los actores a quienes durante buena parte de la trama es visible la deshidratación y enrojecimiento de piel a la que se ven expuestos tras largos días de exposición al clima de verano con temperaturas que superan en ocasiones los 50 grados centígrados.  

Sonora es una película donde los protagonistas libran una batalla en diferentes frentes abiertos al mismo tiempo, contra el escenario natural y la desesperación por escapar de Altar, pero también consigo mismos, con alianzas improvisadas y sus fantasmas del pasado. Siendo el personaje más enigmático el del oficial de caballería del ejercito de Francisco Villa a quien cada minuto que transcurre en suelo sonorense lo conduce inexorablemente a derroteros mentales nada deseables. Al final solo podrán llegar a Mexicali quienes sobrevivan al espacio que transitan y a su cordura mental.

Julián Rodríguez Fonseca

Estudiante de maestría del PMDH del IIH-UABC

Pamplonada en Tecate (1979-1989) “Opulenta y repudiada”

La modernidad mexicana comprendió la tardía organización del sector turístico; en Tecate su organización pública comenzó a finales de los setentas, cuando en aras de alcanzar la popularidad de los municipios contiguos (Tijuana y Mexicali) surgió la Pamplonada, desde la élite política, para satisfacer al turista estadounidense, curioso de vivir la experiencia no sólo de los burdeles, bares y juegos de azar, sino también del espectáculo taurino.

En ese contexto, “hermanar Tecate con Pamplona, España” fue la propuesta que hizo Constantino León a Perfecto Lara Rodríguez, presidente del municipio. Aunque la idea quedó en fantasías y no hay certeza de que éste sea su verdadero origen, la Pamplonada se convirtió en un evento de gran envergadura para el municipio, subsistiendo 10 años.

La primera Pamplonada fue celebrada en el callejón Libertad y recibió 10,000 visitantes, en su mayoría estadounidenses[1], posteriormente el número creció hasta rebasar la propia cantidad de habitantes de la ciudad.[2] Las demás fueron en diferentes avenidas del centro urbano, entre agosto y septiembre. Nunca tuvieron itinerario fijo, puesto que dependían de la capacidad administrativa en turno para resolver diligencias. Generalmente podían incluir venta de cerveza, charlotadas, escaramuzas, maratones, torneos de vencidas, rodeos, desfiles, musicales y representaciones artísticas.[3]

A pesar del apoyo de la Cámara de Comercio y los esfuerzos de sus dirigentes como José Manuel Jasso Peña y César Moreno Martínez de Escobar para su reglamentación, la Pamplonada “estaba condenada desde un principio”[4] ¿El motivo? Desorganización, falta de infraestructura y vigilancia adecuada para recibir a tantos turistas en un fin de semana. 

Aunado a la adrenalina, la Pamplonada incluía accidentes, violencia y daños, pues según relata Constantino León, muchos fanáticos, con tal de lograr una mejor vista, escalaban casas y carros de los residentes. El maltrato animal bajo efectos del alcohol y otras drogas es quizá, lo más difícil de olvidar para quienes alguna vez fueron espectadores.

Imagen cortesía de Mauricio Durán Rosas

Para Alonso de León, residente del municipio desde 1970, ese recuerdo le es “medio traumático…los toros corrían por la avenida Juárez…como era muy pequeño…había como cuatro policías…eran unas borracheras enormes y la cervecería también se beneficiaba de eso…venía gente del interior de la república, de la misma Baja, gente local y también más arriba de los Estados Unidos…obviamente ese evento era para gente a la que le gustara más el peligro…les salía más barato venir a Tecate que ir a Pamplona.[5]

En consecuencia, los malos comentarios se extendieron y la imagen exterior de la ciudad se degradaba; los comités de turismo en Tijuana y Mexicali criticaban corridas de toros improvisadas e irregular venta de cerveza.

Imagen cortesía de Rigo Alonzo Quiroz Quiroz

La Sociedad Humanitaria de Tijuana, A. C. la describía como un acto cruel que proyectaba al extranjero una imagen negativa de Tecate y exigía respetar la Ley de Protección de Animales del Estado de Baja California. Además, prohibir la entrada a menores de edad, estandarizar la vestimenta de los participantes, el uso de toros de 400 kg, no novillos o vaquillas y mayor vigilancia, así como una malla de alambre que contuviera a la multitud.[6]

Sociedades animalistas como PETA (People for the Ethical Treament of Animals), denunciaron la corrida de toros por abuso animal, embriaguez y sadismo, incluso amenazaron con boicotear los viajes a México, la cerveza Tecate y llevar un gran número de manifestantes.[7]

Aunque el panorama no era nada alentador, fue hasta 1985 que sus días de apogeo colapsaron junto con su plaza de toros, que “por causas desconocidas se vino abajo frente a los espectadores taurinos”.[8] Las siguientes tres pamplonadas, sólo contribuyeron a su decadencia y la última de ellas, acontecida al final del gobierno de Jesús Méndez Zayas, fue contenida con disparos al aire por el ejército nacional, a causa del desorden provocado por la venta desmedida de cerveza.[9]

Por consiguiente, la tensión se concentró y su final, fue tan súbito como su inicio. Ya en 1990, Jesús Rubén Adame justificó su desenlace como estrategia para garantizar el bienestar de la ciudadanía tecatense, presumiendo el reconocimiento internacional de la suspensión del evento,[10] aunque esto pudo ser una forma de disimular la responsabilidad de aceptar los daños promovidos por su reiterado descuido.

Debido a la ausencia de fuentes, no es fácil reconstruir cada una de las pamplonadas, pero existen en la memoria de muchos testigos, conocer sus perspectivas nutriría los vacíos de su desarrollo. Tampoco existen estadísticas que respondan con certeza al impacto económico o demográfico que tuvo este hecho. No obstante, sí podemos identificar la influencia que tuvo en su devenir turístico, ya que desde su eliminación, hubo un renacer discursivo del Tecate tradicional, con una oferta turística de “tranquilidad y descanso”, sobre la cual se sostuvo al menos, hasta 2012.

En conclusión esto nos demuestra que los proyectos de atracción turística que ignoran la realidad de una localidad, no son factibles a largo plazo, por muchos visitantes que atrajesen. Al presente, sorprende pasear por las estrechas avenidas de Tecate e imaginar la opulencia de tal espectáculo, aunque la plaza haya sido desmontable y su subsistencia frágil, la relevancia de la Pamplonada será inamovible.

Lidia Isabel Díaz Saldaña

Egresada de la carrera de Historia – Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales UABC

Referencias 

  • Adame Losstanau, Gabriel. Programa de Apoyo a las Culturas Municipales Comunitarias PACMyC. Entrevista a Gabriel Adame Lostanau. Archivo de la Palabra: “Tecate en Voz de sus Habitantes”, Biblioteca CAREM A.C. Emitida en Tecate, Baja California. 6 de mayo de 2009. Documento impreso.
  • Constantino, León. Tecate en los años 20s  Tiempo Hermético 06. Entrevista en Daniel Torres Youtube. Emitido el 19 de diciembre de 2017. Video (29: 48). https://www.youtube.com/watch?v=1vKeTlfK5es.
  • De León Ramírez Alonso. Entrevista realizada por Lidia Díaz. Emitida en Tecate, Baja California. 11 de julio de 2018.
  • Chávez Pedro, Ruiz Juan. “Hoy hace 30 años: 126 heridos en Tecate”. El vigía. 29 de septiembre de 2015. https://www.elvigia.net/nacional/2015/9/29/hace-aos-heridos-tecate-212464.html.
  • Méndez Zayas, Jesús. Programa de Apoyo a las Culturas Municipales Comunitarias PACMyC. Entrevista a Jesús Méndez Zayas. Archivo de la Palabra: “Tecate en Voz de sus Habitantes”, Biblioteca CAREM A.C. Emitida en Tecate, Baja California. 22 de julio de 2009. Documento impreso.

[1] Constantino León Pamplonada Tiempo Hermético 06, entrevista en Daniel Torres Youtube, emitido el 24 de noviembre de 2017, video (1:07:46), https://www.youtube.com/watch?v=lep0m8WI3WA&feature=share.

[2]Gabriel Adame Losstanau, Programa de Apoyo a las Culturas Municipales Comunitarias PACMyC, entrevista a Gabriel Adame Lostanau, Archivo de la Palabra Biblioteca CAREM, emitida en Tecate, Baja California, 6 de mayo de 2009. Documento impreso.

[3] Atenta solicitud para Francisco Alfredo Apodaca Duran director del centro de salud Tecate en expedido por el Iing. César Moreno Martínez de Escobar en Tecate, Baja California a 10 de octubre de 1984, Archivo General del Ayuntamiento de Tecate, Folder Pamplonada, Dependencia Presidencia municipal, Sección Secretaría, Núm. 01669, Exp. (29.94/329), Sin núm. de foja.

[4] Traducción propia, Luis Urrea, “A Fire in Tecate The passing of Pamplonada”, San Diego Reader, (24 de enero de 1991), https://www.sandiegoreader.com/news/1991/jan/24/cover-a-fire-in-tecate/?page=1&.

[5] Alonso de León Ramírez, entrevista realizada por Lidia Díaz, emitida en Tecate, Baja California, 11 de julio de 2018.

[6] Carta de la Sociedad Humanitaria de Tijuana A.C. al Ing. César Moreno Martínez de Escobar firmada por la Presidenta Rosario Soriano de Hernández y Secretaría Luciralia Vazquez, Tijuana, Baja California, 27 de junio de 1985, en Archivo General del Ayuntamiento de Tecate, Folder Pamplonada, Sin núm. de foja.

[7] Carta de denuncia y queja sobre las condiciones y el orden de la Pamplonada en Tecate para la Delegación de Turismo expedida por People for the Ethical Teatment of Animals PETA firmada por Sally Mackler coordinadora de San Diego en Tecate, Baja California el 7 de octubre 1986, Sin núm. de foja

[8] Pedro Chávez, Juan Ruiz, “Hoy hace 30 años:126 heridos en Tecate”, El Vigía, (29 de septiembre de 2015), https://www.elvigia.net/nacional/2015/9/29/hace-aos-heridos-tecate-212464.html

[9] Jesús Méndez Zayas, Programa de Apoyo a las Culturas Municipales Comunitarias PACMyC, entrevista a Jesús Méndez Zayas, Archivo de la Palabra Biblioteca CAREM, emitida en Tecate, Baja California, 22 de julio de 2009. Documento impreso.

[10] XIII Ayuntamiento de Tecate, Primer Informe de gobierno Jesús Rubén Adame Lostanau, (28 de noviembre 1990), 45.

De lastre a botín: las disputas revolucionarias por el control del Distrito Norte de la Baja California durante el gobierno de Esteban Cantú

Desde que el gobierno del presidente Porfirio Díaz dividió en dos Distritos la península de Baja California en 1888, la parte norte dependió en gran medida del subsidio que el gobierno federal enviaba mensualmente para sostener el aparato burocrático y militar en la localidad. A esta dependencia económica se sumaba la política, puesto que, con la categoría de Distrito, las autoridades locales estaban subordinadas a la Secretaría de Gobernación.

La situación administrativa y financiera del Distrito Norte se agravó a causa de los diversos movimientos revolucionarios ocurridos entre 1910 a 1915 que impidieron al gobierno federal en turno enviar el subsidio necesario para que las autoridades civiles y militares locales realizaran sus diversas funciones. Sobre todo, después de la victoria de los grupos revolucionarios en contra del presidente Victoriano Huerta y la lucha entre facciones durante los años de 1914 a 1915. 

Debido a que no existía una autoridad federal ni capacidad por parte de los grupos en pugna para ejercer funciones administrativas de alcance nacional, la situación empeoró para las autoridades civiles y militares del Distrito Norte, porque perdieron autoridad, legitimidad y financiamiento para poder operar en las diversas localidades de la región.  En este contexto comenzó a figurar Esteban Cantú Jiménez (el cual había llegado al Distrito Norte con un destacamento militar que el gobierno federal envió para sofocar una revuelta en los poblados de Tijuana y Mexicali en 1911) quién a finales del año de 1914,con el respaldo del destacamento militar a su cargo, desplazó al jefe político en turno y ocupó su lugar.

De inmediato, el coronel Cantú implementó medidas de carácter político y fiscal que le permitieron mantenerse en el gobierno durante los siguientes cinco años. La primera, consistió en adherirse a la facción política fuerte del momento para luego girar, según las circunstancias nacionales, de un posicionamiento político a otro. Por ejemplo, a finales de 1914 pactó aliarse con la facción de Francisco Villa, aunque solo fue nominalmente; en 1915 durante la guerra entre convencionistas y constitucionalistas declaró que se mantendría neutral ante la lucha de facciones; y en 1916, luego del ataque de Villa a Columbus, expresó que mantendría una postura neutral frente a una posible guerra entre México y Estados Unidos; finalmente, comenzó a negociar su acercamiento con el Primer Jefe cuando el constitucionalismo adquirió mayor fuerza a nivel nacional hasta que, en 1917, le fue otorgado el reconocimiento como gobernador del Distrito Norte por parte del presidente Venustiano Carranza. 

Imagen de la Colección Clemente González Encinas del Acervo fotográfico del IIH-UABC

En cuanto a la parte fiscal, el gobierno del coronel Cantú reglamentó y reguló las actividades de esparcimiento social vinculadas con casas de apuestas, prostitución, consumo de enervantes, bebidas alcohólicas y prostitución; fomentó el turismo estadunidense y salvaguardó las inversiones de empresarios extranjeros en el sector agrícola. Dichas medidas le permitieron una captación de ingresos considerables al grado de poder sostener su propio aparato administrativo y militar sin necesidad del subsidio federal.

La activación de la economía en el Distrito Norte fue posible porque el coronel Cantú logró mantener su gobierno al margen de los conflictos entre facciones y grupos políticos que buscaban deponer al presidente Carranza. Concentró sus esfuerzos en crear un sistema de recaudación financiera sólido que le permitiera recabar el máximo de ingresos para solventar el pago de los funcionarios civiles y militares con los cuales pudo establecer el orden y la seguridad que buscaban los inversionistas locales y extranjeros.

Imagen de la Colección Clemente González Encinas del Acervo fotográfico del IIH-UABC

Las maniobras políticas y financieras del gobierno del coronel Cantú hicieron posible invertir en obras públicas, tales como la edificación de escuelas y hospitales, la construcción de carreteras, por ejemplo, el Camino Nacional, que comunicaba Mexicali con Tijuana, la instalación de alumbrado, tuberías, drenaje, la formación de un sistema de comunicación telegráfica. Además, el gobierno federal comenzó a percibir ingresos fiscales provenientes de las actividades productivas del Distrito Norte, por lo que dejó de convertirse en una carga para el erario. 

Imagen de la colección Clemente González Encinas del Acervo fotográfico del IIH-UABC

La prosperidad en la región comenzó a llamar la atención de individuos que tenían peso en las decisiones al interior del gobierno constitucionalista, por ejemplo, los sonorenses Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta, quienes no miraron con agrado la ambigüedad política con la que se había manejado el coronel Cantú. Por lo que se dieron a la tarea de enviar a sus agentes para que investigaran las principales fuentes de ingresos del gobierno local y recopilaran información sobre la situación política al interior de la base de apoyo del coronel con la intención de mermarla poco a poco.

La disputa por el control del Distrito Norte generó una serie de relaciones tensas entre el gobernador Cantú y el grupo sonorense. Estos buscaron, en varios momentos, desplazarlo de la gubernatura pero la relación que mantenía con los inversionistas extranjeros y los recursos fiscales que el gobierno del presidente Carranza percibía del Distrito Norte jugaron a su favor. Sin embargo, luego de la rebelión de Agua Prieta y el ascenso de estos individuos al gobierno federal, durante la primavera de 1920, puso en riesgo su continuación en el gobierno.

Durante el verano de 1920, hubo varios intentos fallidos de negociación entre el gobernador Cantú y el presidente interino, Adolfo de la Huerta, para llevar a cabo una transición gubernamental pacífica. Ante la negación del coronel por dejar el cargo, los sonorenses optaron por una serie de medidas coercitivas que consistieron en cerrar la frontera con el objetivo de mermar el comercio local, enviar a sus agentes al Distrito Norte con la intención de cooptar a las autoridades civiles y militares que lo apoyaban y enviar un contingente armado al mando del general Abelardo L. Rodríguez para que combatiera al contingente que permaneciera leal al gobernador.

Las acciones implementadas por el presidente interino tuvieron éxito, por lo que el gobernador Cantú entregó el cargo a Luis M. Salazar en agosto de 1920. Luego de su partida, el grupo sonorense afianzó sus intereses en el Distrito Norte y continuó con la misma política fiscal que el coronel había implementado durante su gobierno, por lo que la región siguió representando un botín que los grupos políticos del momento continuaron disputando.

César Alexis Marcial Campos

Estudiante de doctorado del PMDH del IIH-UABC

Polvo (2019). Dir. José María Yazpik, 88 min.

Decía Andy Warhol que a todos nos llega la fama, por lo menos, durante 15 minutos. Ahora tocó el turno a San Ignacio, Baja California Sur, pues gracias al actor, y recién estrenado director y guionista, José María Yazpik, la fama de la pequeña localidad sudcaliforniana será tan efímera como quería Warhol. Ambientada en el año de 1982, la película se suma a una serie de obras que retratan el paisaje carretero de Baja California pues, en cierto sentido, el género de road movie encuentra buena iluminación en nuestro bastión de la patria. Ni en Bajo California: el límite del tiempo (1998, dir. Carlos Bolado, 96 min.), o en Camino a Marte (2017, dir. Humberto Hinojosa, 94 min.), adquiere tal protagonismo San Ignacio y, sobre todo, su estereotipo de candor y pereza colectiva al que se asocia este pueblo que además de ser el oasis más grande de la península conserva uno de los templos misionales mejor conservados de las Californias. 

Aunque la trama ocurra la mayor parte del tiempo en San Ignacio, Polvo es un film transpeninsular pues comienza en Tijuana y termina ahí mismo, a unos pasos de avenida Revolución, en la Coahuila. No cabe duda que el guión y los personajes atraviesan la vida de José María Yazpik, tijuanense por adopción. Lo anterior resulta obvio por el guiño biográfico de El Chato, protagonista interpretado por Yazpik, cuya historia de fracaso como actor de Hollywood le orilla a trabajar de cadenero de un burdel fronterizo y emplearse forzadamente, para beneficio de la historia, como peón emisario del crimen organizado. Sin la intención de dar spoilers, el tráiler ya revela que el desplome de una avioneta cargada con media tonelada de cocaína será la caja de pandora, con burbuja inmobiliaria incluida, que modificará rápidamente el curso y la estructura de vida en San Ignacio. 

Dejemos a los críticos de cine las reseñas de Polvo. Nuestro único interés por verla, premurosos, el fin de semana de su estreno se debe a la enorme obsesión que despierta en nosotros la península de Baja California, y de manera particular, la carretera federal que recorre ambas entidades. Desconfiados, nos sentamos en la butaca pensando que Yazpik realizaría otra representación más acerca del pueblo sudcaliforniano y terminaría creando un documento cinematográfico que serviría como escaparate de la explotación cultural y ambiental que desencadena la migración y el turismo nacional e internacional. Lo cierto es que la representación que la obra consigue, junto a las estupendas actuaciones de Mariana Treviño, Joaquín Cosío y Angélica Aragón, es muy cercana a los usos y costumbres de los sudcalifornianos. Permítasenos ilustrar el punto con una anécdota personal. 

La última ocasión que estuvimos en el pueblo fue en año viejo de 2009 y luego de beber unas cervezas en el zócalo frente a la misión, tal y cómo hacen los personajes de Polvo, fuimos a una tienda de abarrotes cercana que rentaba los sanitarios. Tras pagarle al tendero y observar que éste no estaba preocupado por indicarnos el camino, le preguntamos por su ubicación. “El perrito les va a enseñar”, sorprendidos observamos al adiestrado falderillo señalar el rumbo con su hocico hasta llegar a la puerta del baño. La gente en San Ignacio supo construir un estilo de vida sustentable (“relaciones bióticas”, les llamaría la historiadora Micheline Cariño) en que las aspiraciones de movilidad social y expectativas de crecimiento y desarrollo económico son mínimas. Así, con estupor y siendo muy modorros, previenen desastres. Ajenos a este mundo, por ejemplo, los productores trasnacionales de alimentos critican a los nativos por carecer de una estrategia comercial agresiva e intensiva para industrializar las palmeras datileras. No en San Ignacio: su mérito es mantenerse alejada del mundo. Con excepción de las cervezas en copa, allá afuera hay poco que pueda interesarles.  

Dicho esto, San Ignacio se convirtió, para la opera prima de Yazpik, en el espacio arquetípico de una ruralidad mexicana que despierta sincera nostalgia. Durante hora y media, el pueblo es fiel reflejo de las tramas campiranas de la época del cine de oro nacional. No en vano, en el clímax del film San Ignacio recibe la visita de un cine ambulante que, además de proyectar una película en blanco y negro seguramente grabada en los estudios Churubusco o Tepeyac, genera las burlas colectivas contra El Chato pues jamás pudo colarse en la industria cinematográfica. La representación que Polvo procura es bastante fiel al grado de capturar a la perfección el acento calisureño, sin violentar demasiado los diálogos con ciertas palabrotas bastante usuales en Baja California Sur. 

No cabe duda: la película pudo haber salido de algún relato de las plumas costumbristas afiladas al Partido Revolucionario Institucional como las de Jesús Castro Agúndez o Armando Trasviña Taylor. Sin embargo, Yazpik introdujo el ingrediente noir, pues al recapitular su comportamiento en redes sociales, uno descubre que es bastante crítico con respecto al clima de inseguridad pública que azota al país. Aunque inscrita en cierto discurso de historia contemporánea, la película es la analogía sobre el papel presente de los héroes anónimos que protegen a la comunidad nacional de las grandes masacres que provoca la violencia gratuita del narcotráfico. La gran mayoría de la gente en San Ignacio desconocía el polvo blanco que les cayó del cielo, pero sabían muy bien que la expulsión de algunos miembros de la comunidad es necesaria e irremediable. Tal es el destino de El Chato y del propio Yazpik pues el final abierto dejará insatisfecho a más de un crítico. Aquellos que amamos Baja California, con locura y sin pedirle nada a cambio, sabremos apreciar la última toma antes de los créditos: con ese gesto vacío, con la mirada puesta en Tijuana y ese mal necesario que es el consumo de estupefacientes de los turistas estadunidenses, pensamos en nuestra casa. 

Víctor Manuel Gruel Sández 

En memoria de Miguel León-Portilla

El Instituto de Investigaciones Históricas lamenta profundamente el fallecimiento, efectuado el día primero de octubre último, del Dr. Miguel León-Portilla, destacado estudioso de la historia de Baja California y visionario impulsor de su institucionalización.

Fue él uno de los factores fundamentales para que se fundara en 1975 el Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC, antecedente de nuestro Instituto y además de participar en esa etapa fundacional, a lo largo de su vida mantuvo un estrecho contacto con nosotros, que se tradujo en estimulante orientación y aliento.

Ascensión Hernández y Miguel León-Portilla inaugurando la “Colección California Mexicana, Ascensión y Miguel León-Portilla”, en la biblioteca del IIH-UABC

Entre los múltiples ejemplos que en ese sentido podemos citar, baste hacer referencia a que el vocablo cochimí Meyibó, que da nombre a nuestra revista, fue inspiración de él; participó como coautor y en los consejos editoriales de importantes obras colectivas que publicamos;  fue conferencista magistral en diversos congresos nacionales e internacionales a los que convocara nuestro Instituto y en una muestra de notable generosidad nos donó, junto con su esposa la también historiadora Ascensión Hernández, la valiosa “Colección California Mexicana, Ascensión y Miguel León-Portilla”, que incluye más de 1600 libros, folletos y mapas sobre Baja California, que vinieron a enriquecer el acervo de nuestra biblioteca.  A eso hay que agregar el considerable número de obras de su autoría personal, relativas a temas de historia bajacaliforniana de su preferencia: lenguas y etnografía de los primeros californios; cartografía y crónicas de la etapa misional, etcétera.

Por todo ello, al lado de su reconocido prestigio como autoridad en lo concerniente en la cultura náhuatl, por el que se le está rindiendo homenaje nacional e internacional, aquí agregamos, con particular admiración y agradecimiento, su perfil de eminente escudriñador de la historia de Baja California  y generoso impulsor de nuestro Instituto.

David Piñera Ramírez

EL ‘JUEVES NEGRO’, EL CRACK DEL 29 Y EL INICIO DE LA GRAN DEPRESIÓN ECONÓMICA

undefineday una fecha que pocos recuerdan o se niegan a rememorar por el colapso que generó en buena parte de las naciones del llamado capitalismo. Aquel jueves 24 de octubre de 1929, con el que dio inicio la Gran Depresión, significó un tropezón del liberalismo y el mercado de valores industriales, la literatura suele llamarle la gran crisis y el regreso al proteccionismo comercial previo a la Primera Guerra Mundial.

Si usted mira en un espejo, observa los detalles e imperfecciones de la realidad plasmada en ese momento, pero si el espejo se estrella o se opaca, la realidad se deforma, se oscurece. Nuestra primera reacción después de la sorpresa, es de enojo, nos rehusamos a seguir mirando el entorno y el propio rostro difuminado en partes o en grotescas distorsiones. 

Hace 90 años, el sistema financiero, bancario y monetario de Estados Unidos, abrió los ojos y halló su reflejo descompuesto, resquebrajado, aterrador. Los más sorprendidos fueron los pequeños ahorradores y la clase media que tenía contratados numerosos créditos con los bancos o con las casas comerciales. Los ciudadanos que pagaban una hipoteca, los electrodomésticos de casa o el auto nuevo, aquellos que con poco o mucho dinero vieron pulverizados sus recursos y empañados sus sueños. 

La seguidilla de acontecimientos posteriores a ese jueves negro devino en cierre de negocios, largas filas en los bancos, saqueos, suicidios y más tarde escasez en las tiendas, desempleo, baja de precios, contracción de la actividad productiva y la negativa a aceptar papel moneda o títulos de deuda y referentes de pago. Daba inicio la Gran Depresión que se extendería por tres años y un poco más en algunos países.

Multitud reuniéndose en la intersección de Wall Street y Broad Street después del Crack de 1929
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¿Qué se entiende por depresión económica? La frase se utiliza para comparar el estado anímico de una persona con la de un Estado-nación que, al igual que aquella, pasa por un momento de opresión, incertidumbre, abatimiento, del que le cuesta salir. Tal conducta puede ser transitoria o permanente, pero al registrarse en ese momento provoca sentimientos particulares o inhibe disfrutar la vida y tener claro el futuro.

Los economistas vinculan la depresión con las crisis, es decir, con el ciclo “natural” de la economía que experimenta diferentes momentos: auge, estabilidad, descenso, crisis, recuperación y nuevamente auge. Estas fluctuaciones son seculares y de periodos cortos, empero, otros teóricos sugieren que son movimientos de más largo plazo y que tales perturbaciones surgen de la euforia especulativa que induce a la gente a asumir niveles de endeudamiento altos y en inversiones cada vez más arriesgadas. 

Una parte de tal proceder se encuentra incitado por una política de crédito abundante (por ejemplo bajando las tasas de interés), una política monetaria excesivamente laxa (Minsky) con poca regulación y control de la autoridad central, así como campañas publicitarias que machacan que todo está bien y no hay de qué preocuparse.

En aquel ciclo económico depresivo, entre los años 1929 y 1932, la producción mundial disminuyó en más de un tercio y generó serios problemas en Estados Unidos y Alemania pero también en los países menos industrializados, como México. Los estragos sufridos en diferente magnitud obligaron a suspender el pago de compromisos como la deuda externa, fue el caso de Bolivia, Brasil y Colombia. 

Historiadores económicos, como Enrique Cárdenas, sostienen que la crisis en México había iniciado un par de años antes en el sector agrícola y cuando llegó el ciclo negativo mundial la afectación fue menor. En efecto, los desequilibrios más fuertes habían ocurrido antes de 1929, por dificultades internas, las políticas de posguerra, el atesoramiento del oro que afectó los tipos de cambio y el ajuste de la balanza comercial, es decir la unidad de cuenta con que pagábamos las mercancías que comprábamos del exterior (importaciones) y con la que nos pagaban lo que vendíamos a otros países (exportaciones).

Sin embargo, en cada región del país, la Gran Depresión se vivió de manera diferente, sobre todo en las poblaciones fronterizas del norte que vieron cómo numerosos paisanos regresaban de Estados Unidos en busca de empleo y oportunidades en nuestro país. Así ocurrió en el Distrito Norte de la Baja California, cuando el Procurador de la ciudad de San Diego, California, excluyó a todos los trabajadores que no residieran en el condado, de manera que los obreros mexicanos que se contrataban allende la línea internacional, debieron regresar a buscar trabajo en Tijuana a finales de 1929.

Multitud fuera del Banco de Estados Unidos en Nueva York después de su quiebra
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Por otro lado, en la capital del país, la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo anunció que estudiaba la forma en que debían organizarse las cooperativas de producción formadas por obreros sin trabajo. Para tal fin, a finales de 1929, se descontaría un día de haber a los empleados federales, a fin de “solucionar el problema de los sin trabajo”, además de crear cooperativas de campesinos para aquellos obreros que “carecen de ocupación y han resuelto, como medio para resolver su situación actual, dedicarse a las labores del campo” (Boletín Semanal de la Dirección de Publicaciones y Propaganda de la Oficina de Previsión Social, número 20,1929).

En los siguientes años, la falta de moneda y la poca aceptación del billete de banco generó incertidumbre entre la población, inclusive del dólar estadounidense. Según el periódico La Prensa, existía gran desconfianza “con motivo de las constantes quiebras ocurridas en la Unión Americana.” Ni comerciantes, industriales y el público “se arriesgan a convertir su dinero en moneda americana sino en casos de absoluta necesidad”. Así que aumentó el contrabando por las aduanas terrestres de la frontera norte, se dio la falsificación de moneda y se endurecieron los juicios por no declarar productos básicos o mercaderías extranjeras. 

Fue el caso del jornalero José Refugio Medina quien encontrándose sin trabajo en Mexicali y “la necesidad de sostener a su numerosa familia” invitó al joven mecánico Raúl Vallín a recoger sandías, al otro lado de la línea internacional y al cruzar por el garitón de Compuertas, ambos fueron detenidos por los agentes aduanales y enviados a prisión preventiva. 

Durante el juicio, Medina expresó no desconocer que había violado la ley aduanal pero que “el estado de miseria y la situación apremiante entre enero y septiembre de 1931”, lo obligaron a conducir sandías del territorio extranjero para introducirlas a México y ayudar a su familia (Archivo Histórico Judicial, caja 30, exp. 89, 1931). De modo que aquel jueves negro, iniciado en octubre de 1929, afectó a los habitantes de ambos lados de la frontera norte, aunque es cierto que Medina no cargó unas cuantas sandías sino un lote que por la multa impuesta supuso más de 500 kilos.

Meses más tarde, en otra nota, El Universal Gráfico anunciaba que las ciudades del norte de México “particularmente a lo largo de la línea fronteriza” regresaban a la bonanza previa a la Gran Depresión sin considerar que el arancel Hawley-Smoot y el fin de la ley seca en Estados Unidos seguiría afectando el empleo de las entidades colindantes al gigante del norte. Finalmente, habrá que tener presente que la economía capitalista se mueve por ciclos y que los desequilibrios se corrigen y contienen a tiempo para suavizar o minimizar los efectos de problemas graves que no deseamos repetir.

Jesús Méndez Reyes (IIH-UABC)

jmreyes@uabc.edu.mx