La (des)regulación nacional de (micro)cuerpos de agua en Baja California, siglos XIX-XX. Relatoría.

La sequía del año 2022 se está perfilando a ser una de las más severas de las últimas décadas en todo el norte de México. En lugares como Nuevo León, la Presa de La Boca se encuentra prácticamente seca, mientras que industrias, como la cervecera, gozan de cabal salud mientras parte de la población tiene dificultades de acceder al agua. En Baja California, la prensa reporta que en localidades como Tijuana se cortará el servicio a más de 900 colonias [1].

En este contexto de estiaje en ríos, arroyos y presas, el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California llevó a cabo el foro “La (des)regulación nacional de (micro)cuerpos de agua en Baja California, siglos XIX-XX” con la participación de tres especialistas en las aguas dulces bajacalifornianas: Mtro. Abraham Uribe Núñez, Mtro. Rodrigo Ortega y Dr. Víctor Manuel Gruel Sández. La selección de las participaciones resultó interesante debido a la representatividad de las costas del Pacífico, con el trabajo “La intervención estatal sobre la organización social en el manejo de Tierra-agua del Valle de Santo Tomás durante la reforma liberal” de Abraham Uribe, y las ponencias dedicadas al Delta del Colorado-Golfo de California: “La defensa del sistema lagunar y de humedales en la ciudad de Mexicali, 2014-2022” de Rodrigo Ortega y “Utopismo ingenieril e intervencionismo estatal: el proyecto de Modesto C. Rolland para la Laguna Salada y su trayectoria ulterior en el siglo XX” de Víctor Manuel Gruel.

La participación de Uribe propone una importante revisión a la historiografía de las aguas bajacalifornianas, al señalar que buena parte de las investigaciones se centran en los ríos Colorado y Tijuana, debido al tamaño de su cauce, volumen de agua y, no menos importante, su papel en la conformación de Mexicali y Tijuana, respectivamente. No obstante, los diversos arroyos a lo largo de la península han quedado al margen de estos estudios, por lo que se puede hablar de una condición “subalterna” de estos cauces y sus habitantes.

Metodológicamente, la pesquisa destaca por la exploración documental, además del trabajo de campo y lectura del paisaje “como un documento con pliegues”. Otro aspecto relevante de su aporte es la relación sociedad-Estado en cuanto al territorio se refiere, ya que este último buscó durante la reforma liberal, integrar las tierras de Santo Tomás a su proyecto. Sin embargo, los habitantes emprendieron diversas estrategias de ocultamiento de recursos naturales para que no pudiesen ser censados. Esto último nos habla de que, ante acciones que consideran injustas, los pobladores desarrollan acciones de resistencia.

Por otro lado, Rodrigo Ortega de Salvemos las Lagunas presentó “La defensa del sistema lagunar y de humedales en la ciudad de Mexicali, 2014-2022”. Durante su participación, Ortega señaló que su trabajo no recurre a una metodología “científica”, pero se puede integrar en lo que denomina una “ciencia ciudadana”, que sirve para la defensa territorial. Personalmente, considero que los proyectos del ponente y de Salvemos las Lagunas sí son ciencia, pero con una perspectiva no academicista y que puede estar más cercana a lo que Wilson Picado llama historia aplicada [2].

Vista aérea de la Laguna Salada (1978), Peter L. Kresan, “Aerial view north at the south end of Laguna Salada”. Disponible en: http://www.geo.arizona.edu/gsat/earthquakes/baja_2010.html (Consultado el 30 de abril de 2016).

Esto se puede notar en cómo su colectivo emplea los recursos historiográficos para generar conciencia de las transformaciones ambientales y los valles Imperial-Mexicali pasaron de albergar 20 mil millones de metros cúbicos anuales a la actualidad, donde pocas veces al año el Colorado se conecta con el Alto Golfo de California, con lo que únicamente queda el uno por ciento del cauce histórico. 

Otra de las funciones sociales de la historia que se presentan es la organización social. Ortega señaló el caso de la privatización de las lagunas por parte del campo de golf de la ciudad. Para poder acceder a uno de los cuerpos de agua que en el pasado formaron parte del sistema de aguas del Valle, es necesario pagar una membresía con un costo muy alejado del bolsillo del ciudadano promedio. Además de este tipo de cercamiento, en la ponencia se mencionó como algunos de los humedales se conceptualizan como terrenos inútiles, por lo que son empleados como basureros o rellenos con fines inmobiliarios.

Por último, Víctor Gruel presentó “Utopismo ingenieril e intervencionismo estatal: el proyecto de Modesto C. Rolland para la Laguna Salada y su trayectoria ulterior en el siglo XX”. Esta ponencia se podría enmarcar dentro de la historia de la navegación en el Golfo y también, de los proyectos de infraestructura truncos, como el mismo puerto o una vía de comunicación que cruzara de este a oeste la Península de Baja California. De manera similar a Ortega, “Utopismo ingenieril” nos presenta imágenes y memorias de un Valle de Mexicali que convivía con la mezcla de aguas dulces y saladas propias de su peculiar ecosistema deltaico, cuestión que contrasta radicalmente con la actualidad de la Laguna Salada, espacio que sirve para el recreo juvenil, desaparición de disidentes políticos e incluso como escenario para la filmación de películas post apocalípticas como Resident Evil.  

El “Explorador”, barco que circuló por la desembocadura del Colorado (c. 1860). Godfrey Skyes, The Colorado Delta. Washington: American Geographical Society-Carnegie Institution of Washington [Special Publication No. 19], 1937, p. 26.

Además del recorrido político de Rolland como maderista y Carrancista, Gruel ahondó en el proyecto de creación de un puerto comercial en Laguna Salada, el cual aprovecharía su posición geopolítica para conectar lugares tan lejanos como Nuevo México y Arizona, para así transportar los minerales explotados en dichas zonas a lugares aún más distantes como Nueva York. El plan tenía antecedentes en los cuales sustentarse, ya que la navegación por barcos de vapor en la región databa de más de medio siglo, existiendo rutas que llegaban a Los Ángeles, California. No obstante, para poder operar un puerto de la magnitud que Rolland contemplaba, se requería de una inversión muy onerosa, además de una tecnología que permitiese la entrada de naves de diverso calado.

Barco anclado en las inmediaciones del Fuerte Yuma, Arizona. (c. 1860). Robert B. Roberts, “Historic California Posts, Camps, Stations and Airfields Fort Yuma (Including Camp Calhoun, Camp Independence, Camp Yuma, Yuma Quartermaster Depot)” en Militarymuseum.org, Disponible en: http://www.militarymuseum.org/FtYuma.html (consultada el 6 de marzo de 2016).

Debido a los altos esfuerzos económicos y tecnológicos, la presidencia de Álvaro Obregón se decantó por vías más prácticas, como las férreas o la construcción de carreteras. Sin embargo, como lo menciona Gruel, explorar las ideas de los “ingenieros locos” es un ejercicio importante para vislumbrar el potencial económico de cuerpos de agua ya extintos, como Laguna Salada. Aunado a ello, esta visión al pasado nos ayuda a imaginar ¿qué hubiera pasado? Si las presas del Colorado no hubiesen impedido la circulación de agua y actualmente persistiese el puerto

En resumen, el estudio histórico de las transformaciones socioambientales resulta fundamental para comprender contextos críticos como la actual escasez de agua. Empero, los testimonios suelen generar sentimientos pesimistas en el que los horizontes de expectativas se reducen debido a la acelerada destrucción. Por ello, encontrar un equilibrio entre el análisis de estos procesos de degradación, las resistencias populares y la memoria de nuestros cuerpos de agua nos puede ayudar a imaginar otros escenarios.

Alejandro Bonada Chavarría

Universidad de Granada / Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente

[1] La Jornada, “Desde el jueves cortarán el agua en 900 colonias de Tijuana y Rosarito”, 1 de marzo 2022. Disponible en: https://jornadabc.com.mx/bajacalifornia/desde-el-jueves-cortaran-el-agua-en-900-colonias-de-tijuana-y-rosarito/

[2] Wilson Picado, “El juego académico y la historia aplicada”, Revista de Historia (67), 2013, pp. 203-220.

El Banco Nacional de Crédito Ejidal y el mito del reparto agrario en Baja California

Según Patricio Oyaneder, el relato mítico se caracteriza por ser aceptado como verdadero por quien participa del mismo y se registra como verdadero no porque sea formalmente válido desde el punto de vista lógico, sino como aceptación de una “verdad sentida como tal que permite orientar el propio existir”. De ahí que la función del mito sea “entregar al individuo una visión acerca de las cosas y de sí mismo, necesaria para el hombre en la medida en que le entrega la orientación de la cual, en su origen, carece […] Los grandes mitos en la historia no parecen ser meramente producto de un afán de dominio […] sino que concitan la adhesión del que acepta su verdad porque le otorgan un fundamento a su vivir.[i]

Este año se cumplen 85 años del llamado “asalto a las tierras” y el inicio del “reparto agrario” en Baja California. El evento ha sido parte del relato histórico en Mexicali, la capital de la entidad, y del discurso laudatorio al general Lázaro Cárdenas y el gobernador de la época, coronel Rodolfo Sánchez Taboada. La historia oficial o la de los libros de texto ha dado por sentado que aquel movimiento social fue fruto de las demandas de los habitantes de estos poblados, que la mayoría de ellos solicitaba explotar por sí mismos el oro blanco —el algodón— y urgía convencer a la Colorado River Land Company a vender sus extensas propiedades o sufrir la expropiación como estaba ocurriendo en Chihuahua y la comarca lagunera.

Mientras tanto en Ensenada y Tijuana, los agraristas hacían cumplir por la fuerza los dictados gubernamentales de formación de ejidos[ii] a través de los representantes del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), de las comisiones agrarias mixtas, y de los líderes “llegados de fuera” como en el caso de la colonia Buenavista (Tijuana), obligada en 1938 a constituirse en el ejido Chilpancingo al igual que la colonia Redo.

El Departamento Agrario local nos exige la desocupación de nuestras tierras a favor de los ejidos Matamoros y Chilpancingo. Nosotros que trabajamos nuestras tierras desde hace 14 años como agricultores de experiencia, soportando pacientemente todos los sufrimientos y penas a cambio de ver asegurada la existencia y el hogar de nuestras familias, no solamente consideramos por actos del referido Departamento como una injusticia sino como un atropello grave a la Constitución. Todos nosotros tomamos posesión de nuestros terrenos basándonos en los decretos correspondientes expedidos durante el gobierno de los presidentes Carranza y Obregón, y somos los residentes más viejos en este lugar. Para restablecer la paz y la calma en nuestros hogares, respetuosamente suplicamos librar sus órdenes para la suspensión definitiva de tales órdenes de desocupación.[iii]

Liga de comunidades agrarias se manifiestan en apoyo a comunidades ejidales. Recuperada de: https://mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/fotografia%3A204370

Al mismo tiempo se organizaron invasiones para demandar posesión y dotación de tierras en el ejido Mazatlán (El Rosarito) o expropiación de los ranchos Morro y San Isidro de Gregorio Loperena y la cancelación de contratos de arrendamiento a Andrés Alonso, Antonio Izuel y Salvador Hota, españoles, para formar el ejido Matamoros.[iv]

En la otra península, donde se cultivaba el henequén llamado el oro verde, la política de expropiación de haciendas y creación de ejidos entre los trabajadores yucatecos siguió un patrón similar[v], sin el beneplácito de los campesinos u operarios locales. Empero, a diferencia de los peticionarios en Baja California, los de Yucatán aquilataban vasta experiencia en las labores del campo, aunque para ese momento sin capital y sin maquinaria suficiente al destruirse y fraccionarse el emporio henequenero. El subterfugio en ambos casos fue el Banco Nacional de Crédito Ejidal (BNCE), el financista que dotó de recursos a los ejidos en alguna medida, además del Banco Nacional de Crédito Agrícola (BNCA) y la Nacional Financiera.

Hacia la segunda mitad de la década de 1930, el sistema financiero y bancario de México seguía reorganizándose después de sufrir los embates y embargos de las facciones revolucionarias de veinte años atrás. Proceso armado que desequilibró la política monetaria y los instrumentos de cambio como las monedas, los billetes de banco, los cheques y las cuentas de ahorro. En aquel momento Baja California sumaba más o menos una decena de instituciones financieras privadas y públicas incluyendo las agencias del Banco de México, del BNCA y a partir de 1937 la agencia del BNCE que apoyaría la política agraria del sexenio cardenista.

Hay que aclarar que los bancos ejidales existían desde la década anterior (1928), al igual que la organización cooperativa como herramienta de política pública para el agro nacional, por ejemplo, la Cooperativa de Productores de Henequén organizada durante la presidencia de Plutarco Elías Calles o la reforma a la ley de cooperativas de Abelardo L. Rodríguez en 1933 que potenció la creación de esas unidades de economía social a lo largo del país.[vi] Más tarde, con Lázaro Cárdenas en la presidencia, se modeló el cooperativismo de control vertical dependiente del PRM y sus agencias agrarias, como la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la Confederación Nacional Campesina (CNC) por mencionar un par de ejemplos.

Archivo Histórico del Estado, Secretaría General del Gobierno del Territorio Norte de la Baja California, Ramo de Solicitudes de Dotación de Tierras, exp. 852/761.60/961

¿Qué papel jugó el BNCE en el reparto y subsistencia de los ejidatarios en Baja California? Es una tema pendiente por historiar pero puede adelantarse que la primera rémora fue la cantidad de ejidos que decidió formarse en Mexicali a los que se privilegió en detrimento de los ejidos de Tijuana y Ensenada, por ejemplo, en octubre de 1939 el agente del Banco con sede en aquella capital indicó a Salvador Rubio, jefe de zona, que a los miembros del ejido Chilpancingo (Tijuana) se les proporcionaran combustibles, semilla y reparaciones para el tractor “sin incluir absolutamente ningún otro renglón del crédito” y solo después de constituirse en Sociedad Colectiva Ejidal. Tres años después se mencionaba que en ese ejido solo había tres ejidatarios trabajando y que otro, José López Uribe, había celebrado contrato con emigrantes chinos violentando la ley agraria y el sentido del trabajo cooperativo que buscó el gobierno federal.

Entretanto, el ejido Matamoros, organizado como Sociedad Local de Crédito Colectivo Ejidal informó en octubre de 1940, que no requerían del apoyo del BNCE pues habían trabajado en forma individual, incluso de los 24 socios, 5 deseaban separase de la Sociedad y que les marcasen parcelas individuales. Por otro lado, el BNCE firmó contratos con la Compañía Mexicana de Malta para adquirir toda la producción de cebada que produjeran los ejidatarios refaccionados por la empresa con semilla y préstamo de la maquinaria agrícola (tractores, arados, rastras, combustibles, lubricantes) hasta por 20 días, además de avituallar a los ejidatarios con semilla de maíz y frijol para sembrar en las tierras donde no se cultivara cebada. Al parecer el banco fue el garante o intermediario de esta acción entre la iniciativa privada y los ejidatarios de Mazatlán (Rosarito), lo que podría calificarse de manera positiva. No obstante, el contrato deja algunas dudas del éxito cuando la empresa “se reserva la facultad de vigilar el desarrollo de las labores agrícolas y de dar instrucciones pertinentes” y que no aparezca la firma de algún miembro del comisariado ejidal, sí la de dos testigos cachanillas, Eduardo M. Martínez Palomera y Lamberto Esquer.

En Ensenada se acusó al BNCE de ser parte del “experimento comunista” junto con tres mil agraristas michoacanos que por órdenes del general Cárdenas fueron enviados a ocupar las tierras de los colonos bajacalifornianos. Según la nota periodística habrían llegado por barco vía Ensenada “para colonizar las tierras del Río Colorado, quitando la camisa a unos mexicanos para dársela a otros, o lo que es lo mismo, haciendo un agujero para tapar otro.”[vii]

Años después un beneficiario cuya tienda quedó a la mitad de los ejidos Nacionalista y Chapultepec, en Ensenada, debió enfrentar al jefe de departamento de tránsito quien por órdenes de un ejidatario de apellido Oviedo buscaron echarlo de sus tierras. En otro caso, la viuda de Juan Gontes, beneficiario del reparto cardenista en Mexicali, acusó al Comisariado Ejidal y a la Delegación Agraria de Estación Cuervos (ejido Chiapas) de acceder a transar lo que la ley prohibía, la compra/venta del ejido. El testimonio de Angelina Ponce Otero relata no solo el despojo por parte del hijo de su expareja en contubernio con los líderes agrarios, sino que además indicó que de nada servirían los títulos de la parcela de lograrse esa transacción irregular. Además, ella quedaría con una deuda en el Banco Ejidal y mostraría que: “como soy mujer y no cuento con familiares ni con recursos económicos no me puedo defender de manera más efectiva.” La carta dirigida al presidente Adolfo Ruiz Cortines, en febrero de 1954, no tuvo respuesta, al menos en el expediente consultado.

Finalmente, como explica Enrique Florescano, una de las funciones de la Historia es “dotar de un pasado común a los seres humanos y fundar en ese origen remoto una identidad colectiva”[viii] que permita explicar el presente incierto, recree los mitos —esto lo digo yo— y ensamble las piezas de una sociedad múltiple, heterogénea, diversa en todos sus comportamientos. De manera que los expedientes de las solicitudes de crédito al BNCE coadyuvan a tal reconstrucción histórica. Solo así el mito fundacional del asalto a las tierras cobra sentido, si consideramos todo el proceso en el contexto que experimentó Baja California y los problemas ulteriores de venta de ejidos a particulares o arrendamiento a extranjeros como hemos expuesto.

Jesús Méndez Reyes

IIH-UABC

jmreyes@uabc.edu.mx


Referencias

[i] Oyaneder Jara, P. (2003). “Aproximación al mito” en Atenea (Concepción) no. 487, pp. 94, 97.

[ii] Gruel Sández, V. M. (2012). “La muerte de Pablo González. Violencia agraria en Maneadero, 1937-1939” en Meyibó Revista de Investigaciones Históricas, no. 6, pp. 69-123. Méndez Reyes, J. (2015) “El ejido mexicano durante el siglo XX en Baja California ¿Unidad de producción colectiva o experiencia comunitaria de economía social?” en Investigación y Debate, junio 2015, 15p.

[iii] Telegrama de Everardo B. Díaz, en representación de 18 colonos, al presidente de la República, 20 de agosto de 1938 en Archivo Histórico del Estado, Secretaría General del Gobierno del Territorio Norte de la Baja California, Ramo de Solicitudes de Dotación de Tierras, exp. 852/761.60/961. Los relatos reconstruidos en la siguiente página forman parte de este extenso expediente.

[iv] Archivo General de la Nación, Ramo Secretaría de Agricultura y Fomento, Dotación de Ejidos, Jesús María, Tijuana, BC

[v] Iglesias Lesaga, E. (2003). “Las políticas del Banrural en el ejido colectivo henequenero de Yucatán”, Reunión de Historiadores Mexicanos, Estadounidenses y Canadienses, Monterrey, ponencia escrita, 20p.

[vi] Méndez Reyes, J. (2017). Capitalizar el campo. Financiamiento y organización rural en México, los inicios del Banco Nacional de Crédito Agrícola, México: El Colegio de México/Universidad Autónoma de Baja California, pp. 144-145.

[vii] “Una disección del régimen cardenista. La desastrosa política del Genera Cárdenas en B.C.” por Arturo M. Escandón en El Hispanoamericano, 5 de marzo de 1939, pp. 1 y 3.

[viii] Florescano, E. (2009), Ensayos fundamentales, México: Taurus/El Colegio de México, p. 522

Tijuana In: Un recuento de veracidad novelística

El siguiente texto se muestra a sí mismo como un recuento verídico de la historia novelada por Hernán de la Roca a finales de la segunda década del siglo XX, Tijuana In. Esta obra surgió en el momento en que Tijuana había comenzado a emanar su pasado y crearse una memoria de los sucesos acerca de sus orígenes. Tijuana In toma como personajes principales ciertos lugares de Tijuana, San Diego y el puerto de Ensenada, lugar de paso para entregas ilícitas en donde la desgracia persigue a la embarcación Blue Bird y a su tripulación, recorriendo lugares que hoy día pueden visitarse con la idea de rememorar los pasos de la protagonista Gloria de Zaragoza.

El clímax de los sucesos más importantes de Tijuana In cobra sentido en la historia acerca de las amenidades que Tijuana ofrecía a turistas extranjeros. Vista así, Gloria se vuelve hija de los espacios de diversión, relajando una moralidad erguida en una región fronteriza. Con el fin de responder las incógnitas que me surgen al leer la novela y relacionar la realidad de sus espacios y su contexto con la historia, presento una interpretación basada en cómo la novela en sí coincidió con la realidad de Tijuana.

Esta novela de Don Hernán de la Roca, de título exótico […] que empieza con sacrificio y termina con todos los sacrificios; que tiene la aparente frivolidad de lo epidérmico para llegar a lo visceralmente torturador en lo definitivo, coge de nosotros una poca de alma, una poca de carne y otra poca de pensamiento y nos conduce por la aventura desamparada de una inadaptable.[1]

Este fragmento es tomado del prólogo de la primera edición escrito por Baltazar Izaguirre, en el que reconoce al autor por las experiencias plasmadas en la novela y la forma en la que narró algo que va más allá del entretenimiento y la publicidad, llegando a una verdadera ficción literaria que se desarrolla en lugares conocidos, generando así una familiaridad con el público al que está dirigido.

La construcción del personaje de Gloria de Zaragoza surge en el contexto de la Ley Seca en Estados Unidos, en la que se prohibió el consumo y venta de alcohol como una enmienda a la Constitución de 1920, dando comienzo una etapa de búsqueda de lo perdido e inversiones para obtenerlo. La novela se remonta al momento en el que los casinos ya se encontraban establecidos en el Distrito Norte de la  Baja California, dando la fama de lugares de vicio preparados principalmente para el goce del público extranjero, mientras los mexicanos trabajaban en el mantenimiento de los lugares y dando servicio a los foráneos.

A diferencia de Mexicali cuyo desarrollo parecía asegurado gracias a su potencial agrícola, Tijuana carecía de medios de vida y dependía para subsistir del hipódromo y de otros lugares de ocio y diversión menos edificantes. A Tijuana llegaban hombres y mujeres de diferentes estratos de la sociedad estadounidense en busca de diversiones “mundanas” y licores.[2]

A pesar de las leyes moralistas implementadas en diferentes periodos, la única localidad a la cual se le concedió seguir con estos negocios de entretenimiento fue a Tijuana, la cual destacó por necesitar de ellos para subsistir económicamente, además de la fama que se había creado alrededor de las personas que visitaban los casinos. En el caso de Gloria, podemos encontrar una espectadora de tales negocios y excesos, quien a corta edad emprendió un viaje a Tijuana que le permitió ver su naturaleza. Una vez en Tijuana, escasearon las viviendas y edificios, solo había cantinas y casas de juego.[3] Por lo que, era sencillo que el narrador y la protagonista convivieran en los mismos espacios y a su vez sembrara en la experiencia de Gloria un ejemplo de inmoralidad. La novela narra que el caso de Gloria de Zaragoza lo dio a conocer la prensa estadunidense, que anima a la iglesia católica (en San Diego) para que aclamara a Dios y así mismo se destruyera con fuego al “pueblo infernal mexicano”.[4] La frase de apertura del primer capítulo alusiva al buen trato en Tijuana así lo explica.

Para Hernán de la Roca el contraste es nítido: si San Diego es “una ciudad perfecta: limpia, pulcra, laboriosa; un templo de la virtud y del trabajo”, Tijuana por el contrario, “una diosa cruel y mala que envenena y roba sin piedad” […] Como resulta fácil advertirlo la visión arquetípica del autor encuentra su sustento en el puritanismo de la época.[5]

Dentro de ambos contextos, se percibe la moral religiosa con el que había sido criada Gloria, ya que esta no le permitía ver más allá de la culpa y consecuencia de sus acciones que habían sido fatales en su vida de regreso a San Diego, esto sumado al rechazo de su padre, despertando en Gloria un instinto de auto castigo; mientras más devastadoras fueran las consecuencias, mejor. La culpabilidad y vergüenza se representó años antes en el caso Peteet (1926), en el que Thomas Peteet envenenó con gas a su familia al saber que sus hijas habían sido drogadas y violadas en Tijuana, pintando para la prensa un cuadro de sitio peligroso y culpable de este “shame suicide”.[6] Sin embargo, estos “inocentes” turistas también tenían fama de utilizar a sus hijas para obtener licores de quienes se acercaban a cortejarlas, por lo que, la perspectiva dependía de la prensa. Era una época en que la moral declaraba culpabilidades.  

Por ello, Tijuana fue pensado como un refugio durante el breve transcurso de la vida de Gloria en San Diego. Aquí la obra narra la compleja visión americana sobre México y acerca de la relación de los californianos con la conquista y su idealización de capillas, monumentos y conquistadores, donde confunden lo mexicano con lo español, las construcciones coloniales se vuelven valorizadas por su estética y no por su aspecto religioso, así mismo la estética de sus vestimentas recurría a combinaciones mexicanas y españolas. Celebrando la “fiesta”, la novela daba una crítica aún vigente de cómo se concibió a Baja California. Si bien esta romantización rememoró el Old Mexico y exaltó el regreso de la vida campirana, las rancherías, los paisajes rurales y elementos como las corridas de toros, peleas de gallos, los vaqueros, las misiones, y las fiestas españolas,[7] contexto en el que Gloria se desenvuelve al pasar su juventud, y que surge del México que ella comienza a conocer.

La novela nos sitúa en un ejemplo de arquitectura colonial californiana muy clara en Balboa Park, este último creado para una feria internacional, compartiendo el mismo paisajista que había trabajado en el Casino de Agua Caliente. Es aquí donde el capitán inglés Wehyman conoce a Gloria de Zaragoza, y la vuelve parte de una de las actividades ilícitas más comunes de la época: el contrabando de licores.

En estas descripciones se advierte un solvente manejo de la nomenclatura de la Ley Seca, dicha en inglés los bootleggers, los racketeers, las speakeasy’s perdidas en San Francisco; un rumor de Fords T., de avionetas que arriesgan el “looping de loop” en el cielo de la frontera.[8]

Esto acierta a las descripciones de las actividades de Gloria con el capitán del Blue Bird, el cual con un estilo de película estadounidense le muestra los gajes del oficio de un contrabandista, llevando los lujos a sus manos, así como las actividades ilícitas implicando armas, tratos en la frontera con compradores externos, el vuelo constante en avionetas para encargos y mensajes, así como un nuevo nombre, “La Capitana”. Menciona que la asociación contrabandista de Wehyman radica en Vancouver, ciudad canadiense de donde el Blue Bird había zarpado, llegando al Distrito Norte, específicamente Ensenada en donde descargan entre la Sierra y los Valles, haciéndola volar a Estados Unidos.

Entre las circunstancias que atañen las desgracias de Gloria de Zaragoza se encuentra la muerte de Wehyman, el capitán del Blue Bird, Este hecho se vuelve un punto narrativo de no retorno y es aquí cuando viene la caída en la que Gloria se entrega a una “vida turbulenta y licenciosa”, bañándose en “todas las fuentes cenagosas del pecado”, cambiando su nombre por el de Tijuana In.[9] Con este nombre, después de haber estado en prisión y tener un pasado del cual la sociedad en los casinos e hipódromo navega ferviente entre los huéspedes le vale su fama de mujer fatal, y consolida su nombre.

El nombre de Gloria había desaparecido para encontrarse con Tijuana In, narrando así la segunda parte de la obra, a la par con el Casino de Agua Caliente y el hipódromo Jockey Club, en donde la mayor parte de sus clientes consecuentes y apostadores eran estadounidenses. Y de hecho, para las poblaciones “secas” y temperantes de San Diego y Los Ángeles, Tijuana era “un pueblo irredento donde se vivía una perpetua orgía entre el juego, la ebriedad y el libertinaje; no obstante, quienes se expresaban en estos términos reconocían que eran americanos los que organizaban y explotaban estos vicios”.[10] Esta situación se veía latente entre las salas recién diseñadas del Casino de Agua Caliente, como el Salón de Oro que albergaba figuras danzantes y personajes extranjeros de toda clase, envueltos en las mesas de apuestas, o cenando en el Salón Andaluz.

Con las apuestas no solo llega el vicio en las mesas y el despilfarro, sino también drogas de la época como el opio, del cual a Hernán de la Roca no se le complicó escribir para Tijuana In, ya que algunos años atrás Esteban Cantú había sido tolerante con el tráfico de opio y, por esta familiaridad, no es extraño que el autor haya mencionado la droga de forma reiterativa en el texto, “se fumó 23 pipas de opio”, afirma en el capítulo “Aroma a Oriente”, donde además del consumo de drogas aparecen kimonos y la presencia de un chino que recitaba canciones.

El novelista se centró en las emociones que Gloria tuvo con respecto a San Diego. Al recorrer su ciudad natal, se siente atraída por los lugares emblemáticos de su pasado inmediato, en los que se encuentra La Joya, San Isidro, Chula Vista y National City. En el siguiente fragmento se hace un recuento de San Diego en los años veinte y sus impresiones sobre la ciudad que dejó atrás por vivir en y decidir personificar a Tijuana In.

[San Diego] es una ciudad perfecta, limpia, pulcra, laboriosa; es un ejemplo de la virtud y del trabajo; pero sin alma, sin vida, automatizada […] en tanto que allá en mi pueblo [Tijuana] suenan los cascabeles de la alegría. ¿No ves cómo los más inteligentes van a buscar a mi tierra lo que aquí les falta?[11]

Con este comentario se muestra la opinión implícita del autor en cuanto a Tijuana y su labor de localidad inspiradora, fundada en sortilegios e idealización de parte de estadounidenses que gozaban de ella: Gloria o Tijuana, de cualquier manera, auspiciaría la leyenda negra, desde entonces, naufragarían las buenas costumbres.

Al final de la novela, el pasado de Gloria cayó en sus hombros y buscó la expiación por medio de sacrificios mundanos en los que flagelarse era necesario para obtener un perdón divino, llegando al punto en donde las y los lectores nos percatamos que la trama es una bajeza moral que solo podía redimirse con la muerte.

La imagen del incendio final que acaba con Tijuana es sugestiva, por el abanico de reacciones que provoca. El relato de las llamas en los bares, la estampida de lenones ante el desastre, el actuado pánico en las calles […] y el apocalipsis que ensombrece la ciudad y la angustiada Gloria de Zaragoza que lo ve como señal divina de la salvación de la ciudad y de sí misma como mujer caída.[12]

Para las últimas páginas de la obra, Gloria abriría, con el dinero de sus años ilícitos, un asilo. Este lugar y la protagonista acaban sus días mediante un incendio que consumiría a cantinas y casinos. La novela encuentra así un cierre metafórico en donde las llamas tienen valor de expiación, para todo aquel que estuvo involucrado en la vida intensa de Tijuana In. Un lugar de diversiones que también fue la primera obra literaria sobre la actual metrópoli.

Annel S. Campos

Estudiante de la licenciatura en historia

FHyCS-UABC

Referencias

[1] Hernán de la Roca, Tijuana In, San Diego, Ediciones Botas, 1932, p. 7

[2] José Alfredo Gómez Estrada, Gobierno y casinos. El origen de la riqueza de Abelardo L. Rodríguez, México, Instituto Mora y UABC, 2007, p. 74

[3] Gómez Estrada, Gobierno y casinos, p. 79

[4] María del Consuelo López Arámburo, “Mujer y nación: Una Historia de la educación en Baja California. 1920-1930”, Frontera Norte, 34(17), 2005, p. 45.

[5] Leobardo Sarabia, “Introducción”, en Tijuana in, México, Entrelíneas, 2005, p. 16

[6] Farouk Ahmed Assad León, Política y prensa en Tijuana: Estudio de la primera época del semanario Labor, 1926-1934, Tesis de Maestría en Historia, Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California, 2019, p. 42.

[7] Alberto Díaz Ramírez, La representación del turista en el Old Mexico estadounidense: Sur de California y su relación con el Distrito Norte de la Baja California, 1888-1920, Tesis de Maestría en Historia, Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California, 2018, p. 109

[8] Sarabia, “Introducción”, p. 9.

[9] Sarabia, “Introducción”, p. 15.

[10] Gómez Estrada, Gobierno y casinos, p. 108.

[11] Hernán de la Roca, Tijuana In, México, entrelíneas, 2005, p. 75.

[12] Sarabia, “Introducción”, p. 10.

Baja California, sede de la reunión mundial de los productores de vino. México y la OIV

El pasado 12 de julio se anunció que México, específicamente el puerto de Ensenada, Baja California, será sede del 43º Congreso Mundial de la Viña y el Vino. El auge de la industria vitivinícola en México ha situado a nuestro país nuevamente en el mapa de los productores de vino. En 2017 volvió a ser miembro de la Organización Internacional de la Viña y del Vino (OIV), organismo intergubernamental de carácter científico, técnico, jurídico y económico relativo a la vitivinicultura. Aunque la comunicación ente la OIV y los productores de vino en México data de los años veinte y se mantuvo como país miembro hasta 2007, el regreso de nuestro país a este organismo después de 10 años es de suma importancia para la vitivinicultura nacional porque representa un acercamiento a las innovaciones científicas, técnicas y enológicas para todos aquellos involucrados en la viticultura y la vinicultura.

Cuatro décadas atrás, los miembros de este organismo decidieron que el XVII Congreso de la OIV se llevara a cabo en Tijuana; en septiembre de 1980 este evento se realizó por primera vez fuera de Europa. A principios de ese mes se reunieron en la localidad fronteriza los 30 representantes de los países que pertenecían a la OIV, que en conjunto producían 90% el vino que se consumía a nivel mundial, para discutir aspectos técnicos, innovación en la industria, comercio y prácticas enológicas. De manera simultánea se realizaron degustaciones, muestras gastronómicas y convites a cargo de empresas vinícolas locales. El evento concluyó con las festividades de la vendimia en las instalaciones de la empresa Pedro Domecq en valle de Guadalupe, llamado “Valle de Calafia” de acuerdo con el decreto publicado en el Periódico Oficial del Estado de Baja California el 31 de agosto de 1980, en vísperas del inicio del congreso de la OIV.

Fuente: XVII Congreso Internacional de la Vid y el Vino, México, Casa Pedro Domecq, 1980.

La realización de este evento fue posible gracias a gestiones de funcionarios del gobierno federal y al interés del gobernador Roberto De la Madrid; el Congreso recibió atención de los medios de comunicación regionales y generó una serie de publicaciones que han hecho posible comenzar a explorar distintos aspectos que se conjugaron en este acontecimiento.[1]

Fuente: XVII Congreso Internacional de la Vid y el Vino, México, Casa Pedro Domecq, 1980.

Este episodio poco conocido en la historia de la vitivinicultura en México durante el siglo XX y la inminente realización del congreso en 2022, en una coyuntura de auge y proyección internacional de esta industria con ciertas similitudes a la que vivió en los años setenta y ochenta, son una oportunidad para examinar las razones y las gestiones que hicieron posible la realización de dicho congreso en México, así como los alcances de este evento en la vitivinicultura mexicana. A primera vista, la promoción de distintas regiones vitivínicolas en nuestro país y, en particular, de los valles bajacalifornianos como zonas de producción de vino de calidad, pero, sobre todo, como atractivos destinos turísticos están presentes en la campaña publicitaria del 2021, al igual que a principios de la década de los ochenta. [Link al video sobre el 43º Congreso de la OIV: https://fb.watch/79LxCQBt_g/.

Consideramos que el análisis del primer Congreso de la OIV en México, y el auge de la industria vitivinícola mexicana en esa década, permite establecer comparaciones con la etapa contemporánea de la vitivinicultura mexicana y las ventajas que puede ofrecer a esta industria y su sustentabilidad en las próximas décadas los vínculos con la OIV.

Dra. Diana L. Méndez Medina

Instituto de Investigaciones Históricas

Universidad Autónoma de Baja California

Referencias

[1] Actualmente trabajo en la redacción del capítulo de libro: “México en la OIV: la vitivinicultura mexicana ante el contexto internacional, décadas 1970-2000”.

La comprensión del pasado en clave cultural: “El regreso de Martin Guerre” de Natalie Zemon Davis

Hace treinta y ocho años se publicó El regreso de Martin Guerre,[1] obra que señaló un interesante camino metodológico para la disciplina histórica, convirtiéndose en un referente de la historia cultural, al tomar distancia de los grandes hechos y personajes, y poner el lente en la cotidianidad de los sujetos. Si bien, es un texto clásico, su lectura se mantiene vigente precisamente por el ejercicio interpretativo que realizó su autora, la historiadora estadounidense Natalie Zemon Davis, quien, de un modo lucido, resaltó las vidas “comunes” para explicar uno de los periodos de mayor cambio en las esferas sociales, como fue el siglo XVI. En este sentido, su revisión crítica constituye una oportunidad para reflexionar y repensar los múltiples enfoques y visiones que pueden desarrollarse en la escritura de un trabajo histórico.     

¿Cómo se construye la historia de un rumor? ¿Cómo hacer la versión de una historia con fuentes fragmentadas y difíciles de hallar? ¿Qué hipótesis construir para superar una versión fantástica de la realidad? ¿Qué hacer con la documentación limitada del archivo? Estas pueden ser algunas de las preguntas que más de un historiador ha tenido que sortear; incógnitas palpables en la construcción de un corpus investigativo y en la búsqueda y organización de material que pretende llenar de sentido histórico a la comprensión del pasado. Dicha problemática se hace presente cuando se estudian hechos históricos, que se encuentran en los linderos entre lo ficcional y la realidad, como es el caso de la proliferación de relatos como leyendas y cuentos, que son comunes a todas las sociedades. Así, su existencia, marcada por la oralidad y la vida comunitaria, nos habla de las relaciones sociales y los vínculos con el pasado de estos grupos. En ese marco, la cuestión historiográfica de su abordaje sigue intacta: ¿Cómo se pueden historizar estas narrativas populares?

Esta pregunta es resuelta de manera magistral por Zemon Davis en El regreso de Martin Guerre, al profundizar en las maneras de asir la historia cultural y la configuración de versiones históricas del pasado. Para la investigadora, la nebulosa historia de un marido fugitivo, una esposa traicionada y un impostor, contada como leyenda en el norte de Francia, se convierte en un vivo interés por entender las transformaciones de la ruralidad francesa en el siglo XVI.

Antes de profundizar en el texto, es indispensable señalar las influencias de la historiadora, en las que se hace mención del panorama de una intensa obra que deambula entre la cultura y lo social, abordajes claves para entender la historia de Martin Guerre.     

La historiadora norteamericana Natalie Zemon Davis es una de los referentes más destacados de la Historia Cultural. Junto con los investigadores Carlo Ginzburg (1939), Roger Chartier (1945) y Robert Darnton (1939), son representantes de una corriente historiográfica que se destacó por estudiar los fenómenos de la cultura a través de lecturas novedosas y juiciosas. El uso y tratamiento de fuentes diversas como la imagen y la literatura; sumado a su particular visión de interpretación a través del estudio de casos locales y cotidianos, son otras de las características que los distinguen. No obstante, estos autores no se reconocieron como una escuela propiamente tal. Más bien, como un conjunto de historiadores que buscaron superar la historia de las Mentalidades, desplazando el giro cuantitativo y psicoanalítico de la disciplina, por una tematización de la historia en donde las representaciones, imaginarios e identidades de los sujetos comenzaron a emerger como conceptos analíticos. Bajo esta experiencia investigativa, Zemon Davis construyó su obra, preocupada por abordar la historia social y cultural de Francia y el resto de Europa, centrándose en una mirada original de las fuentes judiciales y  literarias.[2] 

En El regreso de Martin Guerre la historiadora deja entrever el enfoque cultural de su propuesta, intentado reconstruir una historia ficcional, por una versión cercana a la verosimilitud de los acontecimientos y fuentes.[3] El texto fue llevado a la narrativa cinematográfica, con el fin de reconstruir una versión de la leyenda y tuvo a Zemon Davis como parte del equipo de elaboración del guion del celuloide. Así, su interés investigativo y su trabajo en archivos y crónicas de la época encontró un espacio documental. Cabe resaltar que esta investigación se convirtió en una experiencia notable de la relación entre cinematografía e historia; un interesante ejercicio para la comprensión del relato del pasado desde las representaciones del cine.

La escritura del documento, tiene influencias de referentes como el antropólogo Clifford Geertz y el miembro de los Annales Emmanuel Le Roy Ladurie. Sin ligarse al estudio de las simbologías y las mentalidades, su método puede vincularse con la microhistoria de Levi y Ginzburg –imposible pensar en Guerre sin remitirse a Menocchio –, donde la imaginación y el estudio de la cotidianidad de los personajes desde una perspectiva micro, los convierte en actores centrales para el historiador. La tesis central de Zemon Davis al desenterrar la leyenda, no solo es hablar de una historia amorosa, sino historizar los elementos que constituyeron a la sociedad campesina de Francia en el siglo XVI. En síntesis, los intereses de la autora son señalar lo trasversal a la sociedad rural como la religión, los casamientos, la justicia, las nacionalidades, la propiedad privada, las tensiones económicas y los códigos que componen lo cultural y lo social en Francia durante este periodo.[4]

En la versión tejida por la historiadora norteamericana, una joven pareja de esposos, Martin Guerre de origen vasco y la joven Bertrande de Rols, viven una supuesta existencia tranquila en los Pirineos, en la ciudad de Artigat en 1540. Lo que en realidad parece una unión familiar consolidada, se complica por los problemas sexuales de Guerre que no puede tener hijos, mientras en el pueblo recibe numerosas burlas por su nombre vasco, su delgadez y la incapacidad de concebir. A pesar de ello, Bertrande logró quedar embarazada y con ello disipar los desaires de los pobladores de la ciudad, pero esto no evitó las continuas tensiones de la pareja por los problemas económicos. En un intento desesperado por conseguir algo de dinero, el hombre robó a su padre un puñado de trigo, situación que lo obligó a abandonar la ciudad. 

Después de la fuga, cuando Bertrande pierde la esperanza de encontrar a su esposo, una tarde cualquiera apareció ante sus ojos y los de su familia un extraño Martin Guerre. Por supuesto, no se trató del mismo joven de origen vasco; esta vez era un impostor llamado Arnaud du Tilh, Pansette,[5] quien planeó suplantar al fugitivo. Al principio la familia y los vecinos sospecharon del intruso, pero el astuto Pansette, dotado de una inteligencia única,supo ganarse los favores amorosos de Bertrande y el reconocimiento de los pobladores. La mentira prosperó por muchos años, hasta que Arnaud recibe la herencia de sus padres e intenta dejar en la ruina a su “tío” Pierre Guerre, en un panorama cada día más tenso en Artigat, por las confrontaciones entre católicos y protestantes.

Por último, la avaricia de Pansette y la codicia de Pierre Guerre chocaron. El segundo movilizó toda la familia y el pueblo contra el impostor, incluso Bertrande se lanzó contra él. De esta manera, los implicados recogieron las pruebas suficientes para llevar a juicio a Tilh. Una vez en los tribunales, el impostor se defendió por medio de su prodigiosa memoria, pero justo el día del veredicto final, el verdadero Martin Guerre hizo presencia ante el juez y su familia. La aparición del auténtico personaje, quien durante su ausencia viajó por diferentes partes de España y perdió una pierna en la guerra, fue el final del engaño para Pansette, quien fue sentenciado a morir en la horca.[6] Al final, una acongojada Bertrande volvió a la soltería, el tío Pierre continuó con su avaricia y disputas familiares, mientras que Martin Guerre volvió a casarse con otra mujer.

Esta curiosa historia de amor, representó las maneras en que se tejieron las relaciones al interior de una sociedad rural, en efervescencia por la llegada del protestantismo y un sistema jurídico plagado de incisos medievales y dificultades legales para desarrollar juicios. La versión de Zemon Davis, utiliza como pretexto la historia del impostor, para señalar fenómenos tan sobresalientes como la migración entre Francia y España; la problemática de la propiedad privada y la tenencia de la tierra; la administración de la justicia y la aplicación del castigo; y, en un sentido más emocional, las problemáticas de la vida pública y privada. Estos factores nos indicaron las temáticas que vivieron los campesinos franceses, inmersos en una ciudad en formación y una modernidad en tensión por las rupturas con la Edad Media.

En conclusión, la propuesta de Natalie Zemon es una visión del siglo XVI, desarrollada a partir de la interpretación de los archivos judiciales y las crónicas de Jean de Coras (1561) desde una mirada novedosa. No obstante, podemos criticar de la lectura, el anacronismo en la utilización de conceptos como la moda y el casamiento, que, al no anunciarse en perspectiva, pierden el rigor histórico de acuerdo a los hechos, pues suponen un manejo conceptual que puede dificultar el análisis histórico. Otro vacío, es lo relacionado a la historia de las religiones, pues queda ausente la problematización de los efectos sociopolíticos del protestantismo en Francia y su impacto en los conceptos–fuerza que aborda la autora.  

Igualmente, se puede afirmar la presencia de una escritura creativa e histórica, que permite al lector sumergirse en una novela de época, pese a encontrarse con un libro clásico de la historia cultural sobre Europa. Lo que constituye un ejemplo notable, de lo que Hayden White denominó la imaginación histórica;[7] la construcción que hace un historiador para dotar de sentido un acontecimiento del pasado, mediante la utilización de recursos como las fuentes y la escritura.   

Esta lectura es una oportunidad para que jóvenes investigadores e interesados en profundizar en el conocimiento histórico, puedan descubrir un ejerció original de análisis del pasado; una mirada reflexiva y novedosa de fuentes como los archivos judiciales. Al igual, un ejercicio único para repensar el lugar de la(s) historia(s) regional(es) en la disciplina.

Juan Camilo Riobó Rodríguez

Referencias

Castañeda, Lobsang. Historia de una impostura, Francotirador, pp. 64 – 64. Recuperado de http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/09_oct_2014/casa_del_tiempo_eV_num_9_63_65.pdf

Davis, Natalie Zemon. “El Historiador y los usos literarios”, Revista Historia y Justicia N.º 1, Santiago de Chile, 2013.

Davis, Natalie Zemon. El Regreso de Martin Guerre, Antonio Bosch Editor, Barcelona, 1983.

White, Hayden. Metahistoria: la imaginación histórica en la Europa del siglo XIX, Fondo de Cultura Económica, México, 1992.

[1] Natalie Zemon Davis, El Regreso de Martin Guerre, Antonio Bosch Editor, Barcelona, 1983.

[2] Natalie Zemon Davis, “El Historiador y los usos literarios”, Revista Historia y Justicia N.º 1, Santiago de Chile, 2013, pp. 1 – 7.

[3] Lobsan Castañeda, Historia de una impostura, Francotirador, pp. 64 – 64.

[4] Natalie Zemon Davis, El Regreso de Martin Guerre, p. 20.

[5] Natalie Zemon Davis, El Regreso de Martin Guerre, p. 37.

[6] Natalie Zemon Davis, El Regreso de Martin Guerre, pp. 77 – 115.  

[7] Hayden White, Metahistoria: la imaginación histórica en la Europa del siglo XIX, Fondo de Cultura Económica, México, 1992.

Pueblos fantasma en Baja California

La ebullición y expansión demográfica de las grandes ciudades de la franja fronteriza de Baja California han dominado el interés historiográfico y de los cronistas de la entidad. Este acaparamiento ha relegado a tres pueblos “olvidados” -dos de ellos deshabitados- del desierto central del Valle de los Cirios, en la parte sur del estado, colindando con el paralelo 28 que divide la península, de manera artificial, en dos. 

Fue a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX cuando la minería empresarial y de baja escala propiciaron la migración de gambusinos artesanales desde distintas partes de la península, del país y del extranjero para habitar y trabajar en tres lugares comunicados por caminos rurales, de los cuales solo quedan vestigios fantasmagóricos. La actividad económica producida en esta región fue tan importante, y tan numerosa su población -de acuerdo con su contexto histórico- que se planteó la posibilidad al presidente Lázaro Cárdenas de constituir un tercer partido central en el territorio de la península. 

Imagen 1:  Leon Diguet, ca. 1900, Gambusinos en Calmallí

Gambusinos en Calmallí, 1900. Autor: Leon Diguet

Calmallí, toponimia cochimí que significa “el león en el aguaje” según la tradición indígena reportada por Arthur North, era una de las rancherías pertenecientes a la misión jesuita de Santa Gertrudis. El descubrimiento de vetas minerales de oro en el lugar en 1883 concretó el establecimiento de la empresa minera Ibarra Mining Company -había que poner nombre en inglés para apantallar- dando comienzo a una población con casas, escuela, tiendas, registro civil y, por supuesto, un salón de baile. Hace ya dos años me aventuré solitario en una camioneta del 99 por un camino pedregoso para conocer ese pueblo. Después de una llanta ponchada, para mi sorpresa, llegué al lugar que alcanzó a tener hasta 300 trabajadores y estaba completamente desolado. Solo algunos vestigios de cimentación quedan hoy en el lugar, testigos mudos del bullicioso pueblo minero que fungió en sus mejores tiempos como cabecera municipal. 

Ruinas de Calmallí, 1971. Autor: Harry Crosby

La mina de Calmallí, vendida por un sinaloense a empresarios californianos, se fue a la quiebra tras una prolongada huelga obrera. Emprendí entonces la travesía al Campo Alemán -ignoro la razón del nombre-, un pequeño pueblo minero dependiente de Calmallí. Confieso que es un poco espeluznante llegar a los edificios en ruinas en el silencio del desierto, solo interrumpido por el rechinido de un papalote que servía para sacar agua de un profundo pozo. Más tétrico es entrar a unas cuevas excavadas en paredes rocosas donde habitaban los gambusinos que ahí buscaban oro, utilizando un artefacto de madera confeccionado para utilizar el aire, en lugar del agua, para separar el oro de las piedras.

Campo Alemán, 2019. Autor: Gabriel Fierro

La producción aurífera del Campo Alemán fue tan importante en sus mejores días, que los Distritos norte y sur del territorio de Baja California se “peleaban” por tenerlo bajo su jurisdicción, llegando a enviar una comisión dictaminadora que hiciera las medidas correspondientes para determinar si estaba por arriba o por debajo de la línea imaginaria del paralelo 28. Como spoiler, los dueños querían pertenecer al Distrito sur, pero se dictaminó que pertenecía al norte. El pueblo ahora es propiedad privada, pero sigue deshabitado, siendo el panteón con tumbas antiguas y recientes -personas nativas que quisieron ser sepultadas ahí, aunque murieron en otras poblaciones- el único vestigio memorial de un pueblo pujante convertido en fantasma.

Panteón del Campo Alemán, 2018. Autor: Gabriel Fierro

Mi camino continuó más al sur, hasta llegar a otro poblado llamado El Arco, fundado a doce kilómetros al sur de Calmallí. El colorido paisaje de montañas verdes, rojizas y amarillentas dan cuenta de la riqueza mineral del lugar. Los restos de las casas de adobe -tan apropiado para las altas temperaturas del verano- con sus vigas de madera susurran la historia de otro pueblo minero próspero en la extracción de oro en las décadas de los veinte y treinta del siglo pasado. El Arco no solo tuvo su registro civil, escuela y otros edificios, sino que además conserva en pie una iglesia con techo de lámina roja -como los usados por los ingleses- y hasta huellas de dos aeropuertos, uno para aviones ligeros y otro para aviones de carga. La empresa minera era de estadunidenses y, según historiadores, llegó a emplear a mil trabajadores. 

En el Arco sucedieron disturbios (1937-1939), poco estudiados, de trabajadores sindicalizados que se fueron a la huelga reclamando mejores condiciones de trabajo y el cumplimiento de la Ley federal del Trabajo. Los amotinados también incluían en sus demandas poder elegir democráticamente a su delegado de gobierno, algo que por cierto no sucede todavía en nuestros días. La represión por parte de los empresarios en contubernio con las autoridades civiles y policías rurales fue brutal, llegando al extremo de tener un agremiado asesinado y la destitución de un policía por “abuso de autoridad” contra los mineros -siempre hay un chivo expiatorio. Ignoro si el alma en pena de ese minero asesinado ronde todavía por ahí en las noches en busca de justicia laboral. Al final la mina fue “quitada” a los empresarios extranjeros para ser administrada por los mismos trabajadores. Pero la mala administración y la falta de mejoramiento tecnológico terminó por clausurar la mina y pasar a formar parte de la lista de pueblos fantasma.

El Arco, 1956. Autor: Howard Gulick

De estos tres pueblos mineros, solo El Arco tiene actualmente unas cuantas familias y trabajadores estacionales que van por temporadas desde Guerrero Negro. Un derruido cuartel indica que ahí estuvo instalado un regimiento militar hasta entrada la década de los ochenta, algunos de esos soldados trabajaron en obras de conservación de la misión Santa Gertrudis. Hoy en día, un proyecto de la minera transnacional Grupo México amenaza con trastocar el pasaje con la extracción de minerales a cielo abierto, dejando un daño irreversible en el lugar. De concretarse este proyecto, ya no se tendrían pueblos habitados por fantasmas, sino todo un espacio desvanecido.  

La exclusión de las tres localidades mineras del desierto central del main road con la carretera transpeninsular que se desvió a Guerrero Negro ante el surgimiento de otro pueblo minero con la incipiente Exportadora de Sal -la sal es también un mineral-, acelerando el deterioro de estos pueblos mineros. La rudeza de sus caminos pedregosos y la inclemencia de su clima cálido hicieron poco atractiva la rehabilitación de estos. Por ahora, hasta que proyectos extractivistas y depredadores no se comiencen, seguirán siendo pueblos fantasmas de la Baja California.

Camino al Arco, 1971. Autor: Harry Crosby

Gabriel Fierro Nuño

IIH-UABC

Historia de la oposición política en Baja California. Rumbo a la contienda electoral del 2021

En el mes de junio de 2021 se llevarán a cabo “las elecciones más grandes de la historia de México”. El eslogan seguramente lo habrá escuchado desde los últimos meses del año pasado cuando empezaron a moverse y a reproducirse declaraciones de los políticos de todas las posturas del ajedrez electoral nacional. La novedad de la contienda en Baja California —1 gobernador, 25 diputaciones de mayoría relativa y representación proporcional, 5 presidencias municipales con sus respectivos síndicos y 63 regidurías de mayoría relativa y representación proporcional— es que la reelección y “el chapulineo” de políticos de un partido a otro, individuales o coligados, no ha causado mayor empacho entre la oposición histórica, los medios de comunicación y las redes sociales que dominan el escenario mediático. ¿Sigue existiendo oposición política al partido en el poder? ¿Cómo historiar y analizar a los partidos políticos opositores sin el color y los principios básicos que los diferenciaba entre sí y los impelía a convencer al electorado como opción de gobierno?

Giovanni Sartori, especialista en el desarrollo de los sistemas políticos democráticos de occidente, al reflexionar sobre “el príncipe maquiaveliano” explica por qué la política no obedece a la moral. A juicio del politólogo “hay hombres políticos desaprensivos, sin principios, que sólo se ocupan de intereses y cálculos de poder”. A contra pie de quienes tienen la mirada puesta “en los ideales que persiguen”; es decir, la distinción entre el político idealista y el realista, entre el demagogo y el que busca el cambio de su sociedad, “entre el sustantivo y la sustanciación” [1]. De ahí que la historia política y de la oposición al poder sea una de las razones de estudio de quienes se dedican a reconstruir los procesos de esa índole, es decir, seguir en el tiempo las propuestas de orden y conflicto de una sociedad.

En el ordenamiento político de 2021, la competencia por los escaños y puestos públicos se da entre una decena de partidos políticos nacionales: los históricos de la primera mitad del siglo XX (PAN, PRI), los emergidos en el tránsito democrático de la segunda mitad de aquella centuria (PRD, PT, PVEM) y los de reciente hechura (MC, Morena, PES, RSP y FM). Súmese además a los partidos estatales o locales como en el caso de Baja California (ESBC, PBC).

En México, los estudios clásicos sobre la historia política contemporánea han centrado su análisis en el presidencialismo y en la tradición del fraude orquestado desde el sistema político dominante. Perspectiva que ha dejado de lado el relato de los opositores, sus canales de manifestación no institucional y los procesos electorales de manera comparada. Podrá argumentarse que por tal motivo ha prosperado “la nueva historia política”, donde el enfoque de la lente se mueve a los protagonistas, los procesos y las regiones.

Permítaseme entonces la paráfrasis de que, la contienda electoral de 2021 es la “madre de las contiendas recientes”, no solo por lo que se juega a nivel distrital y municipal sino porque los actores sociales que compiten por la gubernatura de Baja California tienen matices, demandas y comportamientos diferentes a nuestra primera contienda electoral estatal (1952, 1953). El discurso está alejado de los opositores al sistema político de otro tiempo, que mudaron considerablemente de perseguidos (1959, 1968, 1986) a perseguidores, amén de la descomposición al interior de los partidos políticos, la corrupción real o de simple discurso (2006, 2012, 2018), aparte del acoso judicial que campea en estos días en contra de los opositores al sistema. Argumentos para abordar la oposición al poder político como objeto de estudio de larga temporalidad en México y en nuestra entidad.

Por ejemplo, se ha creído que el principal opositor institucional en Baja California ha sido el Partido Acción Nacional, por enfrentarse a la política federal, el corporativismo y el fraude electoral desde los primeros trazos del blanquiazul en el noroeste del país [2]. Sin embargo, habría que seguir la pista de los opositores no institucionales como los sindicatos que movilizaron numerosos contingentes previo al corporativismo oficial y el movimiento henriquista (Gral. Miguel Henríquez Guzmán) ceñido a la Federación de Partidos del Pueblo, con fuerte presencia en el Territorio Norte. Poco se ha dicho de sus actores, demandas y las experiencias vividas por el oficialismo, como la muerte de Rosendo Moirón Cota. O bien la llegada de familias abandonadas a su suerte en la colonia María Auxiliadora, del Territorio Sur de la Baja California, vinculadas al sinarquismo, cuyos integrantes emigraron al norte y se incorporarían más tarde al PRI, al PAN y al Partido Demócrata Mexicano.

En este sentido, una mirada más acuciosa a las fuentes documentales y los repositorios históricos, así como recurrir a los métodos y el análisis histórico permitirán reconstruir a la ciudadanía post Segunda Guerra Mundial en Baja California. También evitar clichés como que todos los católicos seguían y votaban por el PAN o que los empresarios de Mexicali, Tijuana, Ensenada, Tecate seguían al PRI por convenir a sus intereses económicos. Hay referencias de que el Partido Comunista Mexicano apoyó la zona libre fronteriza y el PAN defendió a los posesionarios de la zona del río Tijuana (Cartolandia), a los migrantes y a las mujeres [3]. ¿Vale la pena estudiar qué fue y cómo se desenvolvió la oposición política en la entidad? [4]

Los estudiosos de la política y la historia partidista de Baja California se han concentrado en el PAN, que buscó “reivindicar los valores de la democracia liberal y garantizar la transparencia en los procesos electorales”[5] enfrentar los abusos del gobernador en turno y el uso de la credencial para votar [6]. Además de contar con una base fuerte entre las clases medias, el empresariado y la academia [7] entre los jóvenes universitarios de la década 1960 [8]. En esa brega temporal el blanquiazul ganó presencia en la entidad, incluso entre los defensores de las causas sociales, conquista que cuajó cuando finalmente le fue reconocido el triunfo electoral en el municipio de Ensenada (1983) y la gubernatura (1989). ¿Qué pasó con el PRI o los otros opositores? ¿Desaparecieron, se reinventaron, mudaron a otra opción?

Para ir cerrando esta reflexión debo advertir que las tesis del Programa de Maestría y Doctorado en Historia de la UABC van arrojando luces sobre el tema político, sindical, electoral y, en general, de las y los protagonistas del segundo tercio del siglo XX. Investigaciones que integran nuevos actores sociales y sugieren propuestas de periodización distintas a los cortes por sexenios o de elecciones federales.

Las décadas 1960 y 1970 perfilan un momentum distinto al interior de Baja California por diversas razones. Verbigracia, por la tensa relación con California que explotaba la mano de obra mexicana más allá del Acuerdo Bracero, apremio por el tráfico de estupefacientes no solo a través de las aduanas sino al interior de las cárceles y el temor a la presencia soterrada de la Liga Comunista 23 de Septiembre en la región [9].

Es sabido que los informantes de la Secretaría de Gobernación en Baja California daban seguimiento a las actividades de los partidos políticos (Acción Nacional, el Comunista Mexicano, el Popular Socialista y el Auténtico de la Revolución Mexicana), sin embargo, la relatoría de los agentes confidenciales en esos años se extendió al Tratado Internacional de Límites y Aguas por la salinización del agua del Valle de Mexicali, los conflictos laborales en el Hipódromo Agua Caliente, el Sindicato de Trabajadores de Espectáculos Públicos “Alba Roja”, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Universidad Autónoma de Baja California y Vanguardia Universitaria A.C. Al mismo tiempo pusieron atención a la postura de los opositores políticos en las manifestaciones y mítines por el alza de tarifas eléctricas y las huelgas de los Sindicatos de Conservas California, el de Trabajadores de la Industria de Gas y Similares, en del Campo Experimental del Valle de Santo Domingo o la planta despepitadora “Anderson Clayton” [10].

Así que desde la mirada histórica cobran importancia aquellos eventos para integrarlos a la historia política de Baja California y que explique mejor cómo llegamos al menú político electoral de este año 2021. Discernir los cambios políticos en la entidad fronteriza con el municipio más poblado del país (Tijuana), según el Censo de 2020, y el municipio más extenso, pero sin representación real en términos numéricos (Ensenada). A la par, si se votará por la inercia del proceso federal anterior o si verdaderamente se sufraga por el liderazgo de la/el candidata/o y los valores que representa el partido. Al final del día, la Historia importa y aporta conocimiento para entendernos en el presente.

Jesús Méndez Reyes

(IIH-UABC)

jmreyes@uabc.edu.mx

Referencias

[1] Sartori, Giovani (2011). ¿Qué es la democracia? México, Santillana Ediciones, reimpresión, p. 42.

[2] Telegrama del Lic. Salvador Rosas Magallón al Lic. Manuel Gómez Morin, Tijuana, B.C. en: Archivo Manuel Gómez Morin, exp. Correspondencia Personal, s/f.

[3] Méndez Reyes, Jesús (2016). “Historia de género y participación política en Baja California: el caso de Rafaela Martínez Cantú”, IX Simposio de Historia de Tijuana, Instituto Municipal de Arte y Cultura.

[4] Discurso de Luis H. Álvarez, candidato a la presidencia de México, en Tijuana, B.C. en: Acervo Documental del Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC, colección Rafaela Martínez Cantú, s/f.

[5] Hernández Vicencio, Tania (2009). Tras las huellas de la derecha, el Partido Acción Nacional, 1939-2000, México, ITACA, p. 62.

[6] Espinoza Valle, Víctor Alejandro (2017). “Bipartidismo, participación y alternancia. Dos décadas de elecciones en Baja California” en: Poom Medina Juan y Manuel Trujillo (coordinadores), 20 años de alternancia electoral en el noroeste de México, México, INE, pp. 51-78.

[7] González Félix, Maricela y Mario Alberto Magaña Mancillas (2018). Militancia política en Baja California. Del partido hegemónico a la alternancia, México, UABC.

[8] López Ulloa Luis Carlos y Alejandro Galván Pacheco (2013). Huellas democráticas de una Revolución cívica. Reseña histórica del Partido Acción Nacional 1949-1989, México, Fundación Rafael Preciado Hernández, pp. 31-34.

[9] Archivo General de la Nación, fondo Investigaciones Políticas y Sociales (AGN-IPS), caja 1117.

[10] AGN, IPS, caja 1121, exps. 1 y 4.

CINCO LIENZOS PARA MI MAESTRO MIGUEL LEÓN-PORTILLA

El día 24 de febrero nuestro Instituto de Investigaciones Históricas llevó a cabo la presentación en línea del libro Cinco lienzos para mi maestro Miguel León-Portilla, del poeta náhuatl Natalio Hernández. Dio inicio al evento la Dra. Diana Lizbeth Méndez Medina, directora del Instituto, expresando que la presentación se hacía en el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, declarado por la UNESCO a fin de fomentar el multilingüismo y la diversidad cultural. De ahí la pertinencia de presentar un libro escrito en náhuatl y español en homenaje a quien se significó en el cultivo de las lenguas nativas y a la vez como factor primordial en la fundación de este instituto.

Desde la capital del país la Dra. Ascensión Hernández Triviño, que como historiadora y esposa del Dr. León-Portilla tuvo la oportunidad de conocer a fondo su pensamiento, manifestó que el libro de Natalio Hernández reconstruye atinadamente las cinco fases que se dieron en la percepción que tuvo él del homenajeado, como maestro, amigo, colega, hermano mayor y finalmente sabio/tlamatini.

Otro matiz de pluralidad lingüística lo dio la poeta Emilia Buitimea Yocupicio, de Etchojoa, Sonora, que en lengua mayo celebró la obra literaria del maestro Natalio y su labor al frente de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas. El cronista de Ensenada, Baja California, Arnulfo Estrada Ramírez, hablante de kiliwa, dio voz a los aborígenes de la entidad, cuyas lenguas lamentablemente, en varios casos, están en peligro de extinguirse.

Al intervenir el poeta Natalio Hernández puso de manifiesto la forma en que se duplica la belleza de su poesía al decirla en náhuatl y en español. Finalizó incluyendo el celebrado poema -también bilingüe- de León-Portilla, en el que lamentara que “Cuando muere una lengua… la humanidad se empobrece”.

El cierre de participaciones fue con la del Cronista de Baja California Sur, Eligio Moisés Coronado, que aludió a la atención que prestara el Dr. León-Portilla al estudio de las lenguas nativas de estas latitudes, dentro del sentido de unidad peninsular bajacaliforniana, que siempre tuvo presente.

Al finalizar se recibió un considerable número de comentarios de quienes siguieron la presentación en Tijuana, Mexicali, Ensenada, Ciudad de México, Oaxaca, Veracruz, San Diego, California, Nueva Escocia, Canadá y otros lugares. La moderación del evento estuvo a cargo del Dr. David Piñera, investigador del Instituto, con el apoyo técnico de la Lic. Monserrat Espíndola y el Mtro. Víctor Flores.

NOVEDAD EDITORIAL: La paradoja neopentecostal. Secularización y movimientos evangélicos en el campo religioso de la Baja California.

Este libro analiza el neopentecostalismo como ca­tegoría analítica y como movimiento religioso. Para hacer­lo, recurre al estudio de caso de una iglesia considerada neopentecostal en Tijuana. En este sentido, se plantean preguntas sobre qué tan pertinente es la categoría para explicar qué es dicho fenómeno religioso, cuáles son los factores que han permi­tido que el campo religioso de Tijuana parezca ser propicio para este y otros movimientos evangélicos, y cómo puede explicarse a través de la reformulación de las teorías de la secularización. Para res­ponderlas, se recurre a conceptos como campo religioso, ca­pital religioso, institución religiosa, así como al estudio de las trayectorias de las iglesias, los movimientos evangélicos y los creyentes a través del tiempo social. 

Por lo tanto, se analiza el cambio religioso con las herramientas conceptuales de la sociología desde una perspectiva histórica. Por supuesto, es importante considerar lo que los estudios religiosos se han representado como un movimiento continuo a nivel global desde el pentecostalismo de principios del siglo XX. Pero también lo es poner atención en las rupturas y discontinuidades entre los viejos y nuevos pentecostales, razón por lo cual resulta útil plantear el estudio de caso (la Iglesia Evangélica San Pablo), tanto para analizar la dimensión institucional junto con la agencia individual, así como para esclarecer el devenir de los movimientos religiosos.

Es en ese sentido que se estaría hablando de lo que Braudel llamó el tiempo social, es decir, aquel ritmado por los procesos que tienen como sujetos a las colectividades. A través de esta propuesta se busca considerar el campo religioso no sólo como el resultado de las relaciones diferenciales entre los agentes en un momento dado, sino como el espacio en el que coexisten diversas temporalidades asociadas a estructuras institucionales, prácticas, creencias, capita­les y disposiciones particulares. En el caso de Baja California su campo religioso ha sido propicio para las iglesias y movimientos evangélicos, entre otros factores, por lo reciente de su formación, la relativa simultaneidad de los procesos de institucionalización de sus cristianismos y la agencia de sus sectores laicos.   

Finalmente, puede considerarse que el caso estudiado muestra que el llamado neopentecostalismo designa en realidad a una variedad de instituciones (iglesias independientes) y movimientos religiosos (con el carismático como pionero) de diferentes tipos y no necesariamente es una etapa del pentecostalismo global, del que lo separan formas de organización, historia, prácticas y creencias. Por lo tanto, dichos movimientos serían la expresión de agentes institucionales e individuales que buscan reconciliar su oferta-vivencia religiosa con sectores sociales cada vez más diversos, en un campo religioso fragmentado. En ese sentido, la secularización puede entenderse como la continua readaptación de las instituciones religiosas y sistemas de creencia a los proyectos y narrativas de las modernidades, en sociedades diversas y espacialmente móviles, que experimentan el “terror de la historia” en forma diferente a las sociedades de la época de oro del capitalismo.  

Tijuana, mi abuelo y el incendio del 13 de mayo de 1943

Permitan las y los lectores iniciar el texto con una imagen cruda. Para ello es necesario imaginar una mano robusta y masculina abrir precipitadamente la manija de un camión repleto de cilindros metálicos de gas butano. Acto seguido, la epidermis interior se desprendería palmo a palmo (como goma blanca en manos de niñez en edad escolar), pues algunas de las primeras capas de piel se consumían conforme fueron desplegándose, todo debido a las altísimas temperaturas que el ambiente irradiaba. Entre el fuego y humo que es dable imaginar, la escena anterior se me quedó grabada desde la infancia, pero pude esclarecerla con curiosidad e insumos históricos. 

Colección personal de Alfredo Gruel Culebro

Impresionado por los gestos que hizo mi abuelo Alfredo Gruel Bustamante (1923-2007) al contar su anécdota, entendí el motivo de que tuviera enmarcada aquella presea en un aparador de su casa de la colonia Nueva en Mexicali. La medalla que mi abuelo recibió del Comité Central de Defensa Civil en mayo de 1943, por su “acto heroico de gran valor civil”, no puede entenderse sin la alarma generada por la Segunda Guerra Mundial entre los habitantes de la frontera entre México y Estados Unidos, especialmente los de Tijuana. A raíz de los ataques nipones a Pearl Harbor quedaron organizados los “comités de defensa civil para casos de incendios por sabotaje o bombarderos”. Un director de una escuela primaria federal, el normalista colimense Ramón Alcaraz Gutiérrez (1913-1982), fue uno de los organizadores del Comité Central de Defensa Civil [1].

La brevísima entrada biográfica que apareció en Baja California y sus hombres (1966), describió esta cruda hazaña junto a las de otros varones adultos que, a juzgar por el criterio meritorio de los compiladores (no identificados) del libro, debían divulgarse. No en todos los casos se trató de percances, pero en la mayoría de perfiles se ponderaba cierto chauvinismo. Uno de los párrafos publicados sintetizó lo ocurrido mejor que mi propio recuerdo (propenso soy como todas las memorias individuales a modificarlo o identificarme subjetivamente con el objeto/sujeto de estudio):

En la vida de los hombres siempre hay un capítulo trágico que en una forma u otra hemos de protagonizar, Alfredo Gruel estuvo a punto de perder la vida y con él millares de inocentes personas de Tijuana; sucedió el 13 de mayo de 1943, cuando nuestro biografiado surtía de gas a una factoría; una furtiva chispa provocó la   explosión de unos tanques y amenazó gravemente con hacer estallar el depósito nodriza y ocasionar una verdadera catástrofe. El joven Gruel sin medir el peligro y con riesgo de su vida, desconectó las mangueras, salvando de desaparecer [a] un grueso sector de la población [2].

            La fuente mencionó que las “quemaduras” dejaron “permanentes huellas” en el cuerpo de mi abuelo, y aunque en verdad tenga el vago recuerdo de cierta decoloración, manchas y cicatrices de sus manos, ignoro si fueron por aquel fuego o el sol de Mexicali (localidad a la que migró con mi abuela e hijos al comenzar la década de 1950). Por ello mismo, quisiera someter este relato-recuerdo al examen de la historia [3]. El ejercicio no busca subestimar, en pos de la objetividad, mi parentesco o recuerdos personales acerca de mi progenie, sino muy al contrario: busco probar la utilidad de la narrativa histórica (y su irrenunciable carácter documentalista) para reconstruir experiencias del pasado, y por otro lado, explicar el heroísmo que fue atribuido (y de ahí la medalla).  

El testimonio de Carlos (a) “Gordo” Mendoza Cañedo que apareció en el libro de entrevistas de Aída Silva Hernández, Perfiles de Tijuana (2009), reveló los pormenores y carencias materiales que definieron la vida y práctica de los bomberos. Desde su arribo a Baja California en 1926, proveniente de su natal Sonora, “Gordo” Mendoza observó la frecuencia de incendios que azoraban al caserío y, especialmente, a los establecimientos que empleaban a los primeros pobladores. Teniendo que autofinanciar su equipo y realizar grandes proezas para abastecerse de agua mientras combatía el fuego, el bombero retirado recordó algunos accidentes famosos de la década de 1940. En aquellos años “a la semana teníamos hasta tres [incendios], pero por lo regular había uno. Se quemaban restaurantes, casas habitación, comercios, madererías”, y de manera particular, recordó el incendio de una fábrica de refrescos [4], ¿habrá surgido allí la “furtiva chispa” cuya expansión por Tijuana detuvo “el joven Gruel”?

Hecho curioso, la explosión que refirió mi abuelo no fue la más recordada de 1943. Debido a la vocación aeronáutica, comercial y militar de Tijuana (que Federico Campbell inmortalizó en los cuentos de su libro Tijuanenses), el 13 de diciembre, como parte de unas pruebas de aviación, se cayó una nave “en la línea, enfrente de la Colonia Libertad”, según recordó el bombero entrevistado [5]. Por lo visto, tendremos que acudir a otra fuente para conocer mayores detalles sobre lo ocurrido. Según la prensa de la época que pudimos consultar, el incendio tuvo lugar en lo que ahora se conoce como zona centro de Tijuana. Dados a cuantificar los bienes materiales perdidos tras los siniestros que anotaban, los periódicos estadunidenses que publicaron sobre el accidente realizaron una estimación de 100 mil pesos (de la época) en daños causados a comercios y viviendas [6]. ¿Acaso fue Joaquín Ramírez Arballo, el fundador de la embotelladora de gaseosas siniestrada, una de las personas que más perdió dinero?  

Las noticias publicadas el 13 y 14 de mayo de 1943 por el San Pedro News Pilot confirmaron lo dicho en el libro Baja California y sus hombres (1966): los bomberos concluyeron que las llamas comenzaron en un tanque de butano de la fábrica de Pepsi. A partir de dicho punto, el fuego se extendió a una vecindad y a una distribuidora de productos eléctricos, por lo que la columna de humo logró observarse en San Diego (a 27 kilómetros), lugar de donde partió ayuda para Tijuana. El costo humano fue menor al material, pues apenas “dos personas quedaron severamente quemadas y una tercera sufrió contusiones debido a los escombros caídos”. Al día siguiente, el mismo periódico redujo a 50 mil pesos el costo y aminoró la gravedad de las quemaduras, para precisar la causa explosiva durante la “transferencia de un camión repartidor a la planta de embotellado” [7]. 

Blade Tribune de Oceanside mencionó el sitio exacto en el que durante un par de horas se combatió el fuego: en la Avenida “B” o “Constitución”, entre las calles Sexta y Séptima, a unos pasos del corazón comercial y turístico de la localidad. Las tres víctimas fueron atendidas en el Hospital Civil de Tijuana [8]. Más allá de discutir la seguridad industrial que pudiese explicar el accidente (alguna válvula vencida, o descomposturas generales en tanques o mangueras), quisiéramos enfocarnos antes bien en el costo humano: sobre todo, en el diagnóstico de las quemaduras de primer y segundo grado de los accidentados. Sin dañar musculatura u otros órganos o tejidos vitales, la recuperación de las heridas supondría un doloroso proceso de reposo que mantendría postrado en cama, por lo menos, seis meses. Mi abuelo recordaba que en la fase más difícil de su convalecencia, familiares y amigos, entre los que figuraba el político y empresario bancario Roberto de la Madrid Romandía (1922-2010), lo sacaron del hospital a escondidas por una ventana, para llevarlo (vendado todavía) a recibir mejor atención médica a San Diego.       

La fisiología de las quemaduras epidérmicas se benefició hondamente después de la Segunda Guerra Mundial. Un simple vistazo al mundo de papers de la época revelaría los importantes logros conseguidos en materia de la medicina del dolor, sobre todo, entre los pacientes aliados que sufrieron el fuego alemán e italiano. Dicho esto, la pregunta sería ¿se benefició mi abuelo de tales conocimientos de punta? A propósito, 1943 fue precisamente el año en que se fundó la Asociación Médica de Tijuana (amt), misma que aglutinó a los profesionales que, por fin, estuvieron preparados para atender a los cientos de incinerados tras la quema del salón “Coliseo” en diciembre de 1951 [9]. Pero, a reserva de investigar en forma y consultar algo más que una medalla de quien condujo varios camiones repletos de gas butano lejos de una zona de peligro, no concluiremos sin reconocerle algo. Antes que reivindicar el heroísmo local de mi abuelo (asunto ajeno a la escritura histórica), creo que supo capitalizar su recuperación.  

Una de las razones que llevaron a Alfredo Gruel Bustamante a migrar de su natal Tijuana fue para trabajar en la recién adquirida compañía gasificadora de su primo Alfonso Bustamante Labastida (1915-2011), misma que se encontraba en Mexicali [10]. ¿Cuál es el mérito de esto? Que a pesar de vivir en carne propia estragos de un producto tan volátil, continuó trabajando en lo mismo durante décadas. En entrevista con motivo del centenario de Tijuana, Bustamante Labastida admitió que mientras se consumiera predominantemente gasolina y combustóleo, “todo mundo le tenía miedo al gas porque era explosivo” [11]. Durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, la escasez y racionamiento de hidrocarburos creó un mercado que permitió a Bustamante desarrollar su estrategia monopólica y adquirir, en última instancia, el resto de distribuidoras de Baja California. Lo anterior redundaba en que su primo hermano Alfredo, que probó en más de un sentido no temerle al gas, fuese la persona indicada para administrar el negocio en Mexicali.  

       Octavio Paz solía decir que la escritura de poemas debía ser seca para arder, simbólicamente. Así, una metrópoli poética como Tijuana arde varias veces al año, no solamente debido a los vientos de Santa Ana sino a la dinámica económica local. Antes que pensar vanidosamente en la historia familiar que pudiese esbozar, cada que las fumarolas aparecen en el paisaje tijuanense pienso en el anonimato heroico de aquellos que las apagarán. Pero también mi imaginación vuela ante el posible hallazgo de algún testimonio inédito de conocedores de la leyenda negra de Tijuana como el detective Joaquín Aguilar Robles o el criminalista Aníbal Gallegos, pues quizás lidiaron con incendiarios que hacían valer las seguranzas de restaurantes y cantinas que misteriosamente amanecían entre llamas y cenizas.      

Víctor Manuel Gruel Sández 

IIH-UABC

[1] Gabriel Trujillo Muñoz, La canción del progreso. Vida y milagros del periodismo bajacaliforniano. Tijuana: Instituto Municipal de Arte y Cultura/xvi Ayuntamiento de Tijuana/Editorial Larva, 2000, p. 170. 

[2] Baja California y sus hombres, Mexicali: De Anza Editorial, 1966, p. 110. 

[3] Cada vez son más frecuente las historias sobre abuelos (o bisabuelos), comenzando por la trilogía de Carlos Tello Díaz dedicada a Porfirio Díaz. Existen ejemplos más modestos como Otto Granados Roldán, El recuerdo y las heridas: el asesinato de mi abuelo. Ciudad de México: Ediciones Cal y Arena, 2019, o Jorge F. Hernández, “Similia” en Álvaro Obregón. Ranchero, caudillo, empresario y político, Carlos Silva (coord.), Ciudad de México: Ediciones Cal y Arena, 2019, pp. 227-234. 

[4] Aída Silva Hernández, Perfiles de Tijuana. Historias de su gente. Tijuana: Centro Cultural Tijuana/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Consejo de Desarrollo Económico de Tijuana, 2009, pp. 137-138. Sobre los incendios durante la década de 1920, véase el último artículo que publicó José Alfredo Gómez Estrada, “Turismo, gobierno y ley seca en la frontera norte de México. Tijuana, Baja California, en el periodo 1920-1935”, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea 57, enero-junio de 2019, pp. 219-220. 

[5] Silva Hernández, Perfiles de Tijuana, pp. 138-139.

[6] San Pedro News Pilot, “Tijuana Fire Sweeps Block”, 13 de mayo de 1943.

[7] San Pedro News Pilot, “Gas Explosion Blamed for Tijuana Fire”, 14 de mayo de 1943.

[8] Blade Tribune, “Business Area in Tijuana is Swept by Fire”, 14 de mayo de 1943. 

[9] Rafael Mercado Díaz de León e Irma Cháirez Hernández, “Médicos pioneros, primeros hospitales y asociaciones médicas”, en Historia de Tijuana, 1889-1989. Edición conme-morativa del Centenario de su fundación, tomo ii. Tijuana: Universidad Autónoma de Baja California/xii Ayuntamiento de Tijuana, 1989, p. 190.

[10] Baja California y sus hombres, p. 110.

[11] Irma Gutiérrez de Anchondo y Jesús Ortiz Figueroa, “Alfonso Bustamante Labastida”, en Historia de Tijuana, 1889-1989. Edición conmemorativa del Centenario de su fundación, tomo ii. Tijuana: Universidad Autónoma de Baja California/xii Ayuntamiento de Tijuana, 1989, p. 172.